Mientras el misionero se esforzaba por comprender al nativo y por hablar su idioma, no se apercibió que ante sí estaba el nativo con las mismas preocupaciones que él: Aprender a hablar el idioma del misionero y a comprender e integrarse en su cultura. Mientras el misionero se esforzaba y se aburría, sin comprender al nativo y sin hablar su idioma, el nativo ya le había superado: Aprendió a hablar el idioma del misionero y a obtener sobre éste y sobre su cultura un conocimiento suficiente y adecuado para establecer relaciones con el misionero. Pero el misionero no lo tomó en cuenta.
Hay una experiencia que se constata a diario. El misionero no puede permanecer mucho tiempo en una comunidad, pues no consigue integrarse, porque no puede obtener el conocimiento sobre el otro que le permita establecer la interculturalidad. Lo que decimos del misionero podemos decirlo de otras personas, como antropólogos, lingüistas, ecologistas, interesados en el conocimiento de las sociedades nativas. No se establece una relación permanente con el nativo, por parte del extraño, debido a que no se logra conocerlo. En cambio, el nativo sí puede permanecer en la misión y alternar con el misionero por un tiempo ilimitado, sin cansarse ni aburrirse, haciendo posible y cada vez más extensiva la interculturalidad, porque ha conocido al misionero y habla su idioma. Podemos decir que el nativo se evangeliza antes de que el misionero exponga de palabra su mensaje. De ahí que, muchas veces, el nativo elimina al misionero de su ámbito cultural, pues se encuentra con otras personas o instituciones que le brindan nuevas oportunidades de ampliar sus conocimientos.
La teoría de la interculturalidad, como medio para establecer puentes entre los diferentes, supone que las partes en cuestión, sean personas o instituciones o sociedades, deben conocerse mutuamente para establecer puntos de encuentro. Se habla de las dificultades que existen para ello y se proponen recetas y estrategias para llegar a un punto de partida común. En el curso de Diploma sobre educación intercultural en la Universidad Católica los antropólogos, los educadores, los lingüistas, lo comunicadores sociales, proponen a los alumnos ejemplos de estrategias para definir puntos de encuentro entre los diferentes. Esto refleja la dificultad que tienen estos especialistas para estudiar y conocer al otro, es decir, a la cultura indígena. Al igual que decíamos de los misioneros. Alguno preguntó a los profesores si esto es solo problema del especialista o es también problema de los indígenas. De entre los alumnos levantó la mano un nativo del Sepahua y salió al frente para decir: " Lo que aquí se expone es solo dificultad de ustedes, no de los nativos. Yo vengo a Lima, estoy en el aula de la Universidad, hablo su idioma, les entiendo, no tengo dificultades".
Este fenómeno es normal, pero para comprenderlo hay que remitirlo al sistema del conocimiento. Son diferentes el sistema de conocimiento primitivo y el occidental. El misionero inicia su conocimiento por el método empírico, partiendo de lo que ve en el otro; y se pierde en una serie de divisiones y subdivisiones, de argumentos lógicos, de principios y deducciones, de causas y de efectos, y nunca llega a comprender al indígena ni a su cultura, pues la cultura que crea el hombre es algo externo a él, complejo y variable, que se va de las manos a cualquier investigador. En cambio, el sistema de conocimiento indígena procede de otra forma. Colocado el indígena ante el misionero, ve en éste lo que él es, poniéndose como referencia a sí mismo. Se ve en el otro como en un espejo. Se encuentra a sí mismo en el misionero y ve al misionero en sí mismo. Cada momento de encuentro, cada día, significa una extensión de este conocimiento.
De aquí se deducen dos conclusiones:
- Si no se da una interrelación entre el conocimiento que el misionero tienen del indígena y el que éste tiene del misionero, no puede realizarse la interculturalidad ni la evangelización.
- El conocimiento que el nativo tiene del misionero se basa en la igualdad entre ambos, en una antropología comparativa entre iguales. En cambio, el conocimiento que el misionero tiene del nativo se basa en la diferencia entre ambos. Si el misionero acentúa las diferencias y trata de que el nativo interiorice y exteriorice las diferencias, no puede producirse la interculturalidad ni la evangelización.
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