EVANGELIZACION
 
 
 
Educación.
CONFLICTOS
 

CONFLICTOS ETNICOS.

En el Bajo Urubamba hay muchos conflictos. Conflictos motivados por las diferencias étnicas y culturales, que están aumentado día a día, lo mismo que los conflictos religiosos promovidos por sectas fundamentalistas. La guerra de sendero luminoso impactó en el Bajo Urubamba, en donde sendero hizo varias incursiones y tomó el dominio de algunos ríos durante varios años, dando a las poblaciones nativas una visión de la identidad indígena y de la realidad social de la zona, que antes no se había conocido; la guerra entre los ashaninkas del Tambo y del Ene, hicieron del Bajo Urubamba lugar de refugio para perseguidos y perseguidores alterando la vida normal de las comunidades; las guerras en la sierra, han ocasionado movimientos migratorios al Bajo Urubamba, que han producido actos racistas y xenófobos; las compañías petroleras llevan al Bajo Urubamba un concepto etnocéntrico de la economía y un paternalismo humillante para las comunidades; las ONGs se han desplazado al Bajo Urubamba, con distintas propuestas, creando un gran desconcierto en las comunidades; la globalización ha entrado en una dinámica, cuyo resultado parece ser la occidentalización de las comunidades nativas, que tiene como efecto el cambio o la transformación de las mismas; el Banco Mundial, el Ministerio de Energía y Minas, la Defensoría del Pueblo, tienen sus propios programa específico de tratamiento a las comunidades nativas; las Federaciones llevan a las comunidades mensajes contradictorios, que producen desconfianza y divisionismos; los programas de enseñanza en los colegios no son uniformes, pues existen varios sistemas educativos muy dispares, que transmiten a los niños y a jóvenes una formación que no es adecuada ni justa, pues causa divisiones y desintegración en los grupos étnicos.

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Cuando se habla, por ejemplo, del impacto que pueden producir las empresas petroleras sobre las comunidades nativas, sobre su cultura, sobre la familia y sobre los individuos, se refiere solo a un impacto indirecto, a través de los elementos externos señalados. Así se dice que el impacto sobre el territorio y sobre el medio ambiente cambiará el concepto del mundo que tienen los nativos, cambiará el sistema agrícola y el sistema alimentario, cambiará la organización social, etc. Por eso, los técnicos contratados por las compañías petroleras en el Bajo Urubamba para evaluar los impactos y asesorar el manejo social de las comunidades nativas, son especialistas del medio ambiente.

En realidad se invierten los términos. De ahí que no podamos tener alguna respuesta, aunque sea aproximada, a las preguntas que se han hecho.

Sigamos con los ejemplos. Creemos que lo más adecuado es que el tema del impacto se plantee partiendo del hombre, del grupo humano, de la cultura, de los valores. Se debe anteponer el hombre sobre el medio ambiente y sobre el territorio, pues es el hombre el afectado en todo impacto y él lo sufrirá más que el medio ambiente y que el territorio. El medio ambiente y la tierra no son importantes si allí no está el hombre con su cultura. Lo que sucede es que no se da importancia al nativo. Se tiene de él un concepto muy simple y hasta degradante. Se piensa que está en una etapa primitiva de la evolución humana y que no está capacitado para interrelacionarse con la sociedad capitalista. Con toda naturalidad las compañías petroleras, con el poder que les da su etnocentrismo, asignan a las comunidades nativas intermediarios, extraños a las comunidades, para tratar con éstas todos los asuntos de interés para las compañías. Hemos visto muchas veces que se desprecia y pasa por alto a los nativos profesionales, a los maestros, a los universitarios, que conocen la realidad y tienen experiencia en relaciones humanas y pueden servir de informantes y transmisores de mensajes, y se prefiere tomar como representantes de las comunidades ante las compañías a nativos que no estudiaron ni han querido estudiar, a los que no son críticos ni autocríticos, a los cuales se les puede manejar y seducir con facilidad.

En el estado de desarrollo actual de las comunidades nativas hay algo que las compañías petroleras y sus asesores no deberían hacer y lo hacen. Cometen un grave error cuando, con el fin de simplificar los problemas, rebajan y marginan a las comunidades, a las familias y a los individuos nativos, imponiendo sobre éstos como máxima autoridad a la federación, dándole una autoridad y representatividad absolutas, que no tiene ni sabe desempeñar, por la poca aceptación de las comunidades, de las familias y de las personas. No se justifica el que las compañías decidan unilateralmente despojar de autoridad a las comunidades y a sus miembros y asuman como únicos interlocutores legales a las federaciones, pues también son legales las comunidades y los individuos; ni tampoco se justifica lo que un asesor dijo: "Si una federación no funciona (por la oposición de las comunidades), hay que hacerla funcionar a la fuerza".

Si las instituciones foráneas, si los misioneros, si las compañías petroleras, si el Estado, admitieran al nativo y a su cultura como interlocutores directos cambiaría el sentido de las respuestas a aquellas preguntas. Pongamos el ejemplo en las compañías petroleras. En primer lugar, si admitieran a los nativos como interlocutores directos, las relaciones serían entre nativos y empresas petroleras, sin intermediarios. La mediación siempre entorpece las relaciones. En todo caso ya no serán los ecologistas los que corran con los estudios y con la evaluación del impacto que se produce sobre las sociedades nativas, sino los especialistas en las sociedades y en las culturas, es decir, los sociólogos y los antropólogos. Sin embargo los sociólogos y los antropólogos no tienen en las compañías sino una función secundaria como asesores y consejeros para aplicar a las comunidades los resultados de los estudios hechos por los técnicos del medio ambiente y del petróleo.

Por otro lado, en la misma hipótesis, ya no se considerarían el territorio, el medio ambiente, la fauna y la flora, el petróleo, los causantes directos y los responsables del impacto social y cultural, sino la empresa, los empresarios, los trabajadores, todos los cuales tienen que ser considerados en los análisis de la realidad como integrantes del contexto socio económico de la región, en igualdad de condiciones con las comunidades nativas, con su cultura, con sus familias y con sus individuos. Este es un hecho evidente. La presencia de las compañías petroleras en el contexto de las comunidades nativas, afecta directamente a éstas, no al medio ambiente.

Sin embargo se han invertido los términos: La empresa, en cuanto tal, se ha mantenido impersonal, pues enfoca el problema desde la relación directa entre el campo petrolero, - impersonal y deshumanizado -, y las comunidades. El tema no se está tratando como se debe. Es decir, no hay relación de entes humanos a entes humanos, de institución a institución, de compañía como institución humana a comunidad como institución humana. Por lo tanto, sobran los intermediarios, tanto los de las compañías (los antropólogos, los ecologistas) como los de las comunidades (las federaciones).

Volvamos a los ejemplos. En la década de los 70 la compañía petrolera TOTAL, se estableció en Sepahua, llegando a un entendimiento dialogado con la comunidad nativa, y entre ambas, celebraron un convenio de colaboración mutua, en el que cada una se comprometía a respetar los derechos y las diferencias de la otra. No hubo intermediarios de las federaciones ni de ONGs, sino que el contrato se celebró directamente entre compañía y comunidad. Los resultados han sido de una interculturalidad ejemplar, pues se hacía posible un hecho insólito: Una compañía petrolera capitalista se relacionaba con un sistema de economía primitiva, sin necesidad de que ninguno de las dos se transformara y sin que el capitalista anulara al primitivo.

Lo mismo hicieron la comunidad y la SHELL en la década de los 80 en su primera etapa. Suscribieron entre ambas, directamente y sin intermediarios, un convenio de mutua ayuda, produciéndose una interculturalidad de excelentes resultados. No sucedió lo mismo con SHELL, en su segunda etapa en la década de los 90, en que las ONGs y las federaciones se proclamaron intermediarios, suplantando a las comunidades y a las familias nativas en la celebración de los convenios, obteniendo como resultado la informalidad, el cumplimiento de los acuerdos, la corrupción, las estafas y el descontento de las comunidades. No hubo, en este caso, el entendimiento mutuo de la comunidad y SHELL, porque tanto SHELL como las comunidades habían sido reemplazadas por los intermediarios, con otros intereses que no eran los de las comunidades.

Vemos claramente por estos casos que las respuestas a las preguntas formuladas al comienzo, suponen el concepto de interculturalidad: Antes de responder tiene que darse el reconocimiento y aceptación mutuos de las entidades, de las culturas y de las personas implicadas.

Elementos básicos para una educación intercultural en el Bajo Urubamba:

Puesto que las preguntas han surgido a propósito de una presentación de un Currículo en los colegios de las misiones, aprovechamos para hacer una referencia al mismo.

Creemos que antes de preguntarnos y de respondernos por la capacidad de aporte de las comunidades nativas a la educación nacional y a la ciencia, tenemos que estar convencidos de que no se puede analizar la realidad del Bajo Urubamba, tan compleja y conflictiva, con una visión etnocéntrica. Un Currículo educativo no debe ser etnocéntrico, pues no sería adecuado para la educación de las comunidades nativas. El Currículo debe partir de las diferencias y de la pluralidad social y cultural de la zona. Es decir, la pregunta sería: ¿Cómo se pueden entender los diferentes? La educación en el Bajo Urubamba debe tender puentes entre los diferentes. Debe ser, pues, intercultural. Y a partir de aquí analizará lo que cada pueblo y cada cultura pueden aportar a los otros.

 
COMUNIDAD NATIVA SEPAHUA
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