¿Cuántos centenarios habrá que celebrar para dar por cerrada la cuestión? En la celebración del Centenario del Vicariato decíamos que en los cien años pasado se había evangelizado partiendo de un nativo salvaje, ignorante, que nada sabe, que nada puede, que no vale, pero que para el próximo centenario que se inicia ahora habría que cambiar de paradigma, aceptando que el nativo está cristianizado, que sabe, que puede, que vale.
El concepto de lo diferente tiene importancia en la interculturalidad, pues ésta tiende puentes entre los diferentes, pero al poner el fundamento de las relaciones interétnicas solo en lo diferente, no conduce directamente a la solidaridad, ni a la convivencia, ni a la interculturalidad, ni se facilita la evangelización.
Hay misioneros partidarios de inculcar a los nativos la idea de que son diferentes en cultura y organización a los grupos foráneos, llámense mestizos, serranos u occidentales, como medio de reivindicaciones sociales, por lo que algunos nativos asumen la diferencia como algo propio de su esencia e identidad. Se les oye decir: "Tenemos cultura, lengua y territorio, luego podemos constituirnos en región independiente". Esto puede resultar peligroso. Sabemos por la historia que la exaltación de la tradición, de la identidad y de la diferencia, conducen a un relativismo cultural que es el causante de muchos conflictos. No tenemos más que mirar a ciertas comunidades que, por la defensa de sus diferencias y de su tradición, sufren conflictos internos insolubles, que amenazan la disolución del grupo étnico.
Sin salir del mismo tema, se constata que, por otro lado, que las sociedades nativas son acosadas por el etnocentrismo de la sociedad occidental. Podemos incluir aquí a algunos misioneros y misioneras. Ostentan una superioridad sobre las sociedades nativas, en la que se hace una referencia radical a diferencias ónticas y culturales insalvables. Esta superioridad se asimila al racismo, por el que la sociedad occidental se siente superior a los nativos por ser de raza y cultura diferentes, sin tener méritos para ello, sin haber hecho nada significativo y valioso, simplemente por pertenecer a la sociedad y cultura occidentales. En la práctica este etnocentrismo se expresa en este dicho: "Yo pertenezco a la sociedad occidental, a la sociedad nacional, vengo de afuera, soy un ignorante o soy analfabeto, pero valgo más que cualquier nativo aunque éste sea maestro y universitario, porque soy de raza y sociedad superiores a la suya". O este otro dicho que se oye frecuentemente: "En vano estudias. Pero no me superarás porque vengo de mi familia, tengo el pelo de color y mi cara blanca".
Muchos nativos, como reacción, optan por encerrarse en su tradición y alejarse de la sociedad regional; otros, se hacen resistentes y agresivos. Pero hay quienes se enfrentan al problema y reivindican la interculturalidad, decididos a tender puentes entre los diferentes. Esto acentúa más el relativismo cultural y, por tanto, también los conflictos.
Podemos calcular las distancias en que se colocarán unos de otros. Se puede decir que a los foráneos no les importa nada el que los nativos los rechacen, porque su etnocentrismo es garantía para sentirse en la verdad. En cambio, el nativo experimenta un gran sentimiento de inferioridad y de marginación. Las heridas causadas en la identidad étnica del nativo no se cicatrizan fácilmente porque afectan a lo más íntimo de la personalidad individual y colectiva y el que sufre vejaciones por su raza, lengua, origen, acento lingüístico, no lo olvida jamás.
El conflicto entre nativos y no nativos tiene una doble lectura: Una lectura real, la que vemos, como son las oposiciones y las diferencias, el etnocentrismo y la marginación. Pero hay también otra lectura, que no se ve porque se la oculta, pero que tiene orígenes y fines que no conviene a ciertos intereses económicos y políticos que sean descubiertos Pongamos algunos ejemplos: ¿Por qué ciertas instituciones están interesadas en que exista una cultura nativa tradicional, inmóvil, auctóctona, forzando a algunos grupos para que la finjan, siendo así que no existe? ¿Por qué se negocia con la cultura tradicional marginada, sabiendo que las culturas son dinámicas, flexibles y abiertas a la inculturación? ¿Por qué se sublima la opción de los "aislados" a vivir una vida incomunicada con el exterior, siendo así que se conoce que tales grupos practican la interculturalidad directa con otros grupos "aislados" y una inculturalidad indirecta con los grupos en contacto? ¿Cuál es el interés por defender la existencia del aislado a ultranza? ¿Ideologías políticas, económicas? ¿Cuál es la razón de ser de la guerra que mantienen los ashaningas de la selva central, sin saber ellos mismos que están en guerra? ¿Por qué somos tolerantes hacia los que comparten nuestro idioma y cultura y no con los que no lo comparten? ¿Por qué proclamamos que debemos aceptar a todos por igual, cuando no podemos convivir con los que son diferentes?
Hay un doble lenguaje, ficticio e hipócrita. Para el neoliberalismo los pobres, los marginados, los nativos de la selva, pueden ser útiles para una propaganda de proyectos oscuros, pero también son una carga de la que hay que desprenderse. Al final a todos ellos se les abandona a la propia extinción.
Finalmente tenemos que decir que el problema de las diferencias ha sido tratado ya desde los primeros días de la evangelización de América. Generalmente los misioneros han evangelizado a partir de las diferencias, como también lo hizo el Imperio español para la colonización. Pero hubo un misionero, el P. Bartolomé de las Casas, que dio un mensaje diferente. Regresemos al siglo XVI para escuchar este mensaje. El P. Bartolomé de las Casas fue sumamente respetuoso de la diversidad de las culturas. En todas sus obras, y especialmente en su "Brevísima relación de las destrucción de las Indias", propone ante el Rey y ante el público que lo leerá, el sistema de "antropología comparada": Los indios son diferentes de los españoles, pero cualquier institución o rasgo cultural de los españoles tiene una correspondencia en los indios y viceversa; y en cualquier duda o cuestionamiento respecto a los indios, hay que recurrir a la confrontación de ideas y de comportamientos, al diálogo, a la justicia, a dar a cada cual lo que le corresponde. Por eso el P. de las Casas era crítico de las teorías teológicas y morales que justificaban la explotación de los indios.
Pero hay dos aspectos fundamental en el pensamiento del Padre Las Casas: En primer lugar, la comprensión y el respeto al otro como diferente; y en segundo lugar, el asumir las diferencias como elemento necesario para una inculturalidad, diálogo, convivencia, civilización y evangelización. El Padre Las Casas no sublimó al indio en cuanto diferente ni utilizó las diferencias como punto de partida para la oposición a la colonia; sino que utilizó las diferencias como base de su antropología comparada, para hacer teología y para la evangelización. |