Son preguntas que se formulan con frecuencia y, en cierto modo, son obligadas en los eventos en los cuales se habla de la cultura y sociedad nativas esperando, tal vez, la respuesta mágica que de la clave para definir la verdadera identidad de éstas, sea sublimándolas o descartándolas. Generalmente se dan respuestas simples e ingenuas, con intención de mostrar la poca capacidad de las sociedades nativas para aportar algo de valor a la sociedad nacional y a la ciencia, que están en pleno desarrollo. Cosa diferente sucede cuando se pregunta qué es lo que pueden ofrecer la sociedad nacional y la ciencia a las sociedades nativas. La respuesta, en este caso, es categórica: "Todo".
En los grandes eventos en los que se analiza la realidad de las sociedades nativas, como es en las asambleas de Derechos Humanos, de la Defensoría del Pueblo, de INDECOPI, del Congreso de la República, de las Compañías petroleras, de las Federaciones Indígenas, de las ONGs., de los Congresos de Antropología, de las Misiones, para hacer ver la importancia que las sociedades nativas tienen como grupos reconocidos por la Constitución Política, se presentan a las asambleas elementos externos a las comunidades y no aquellos que definen su esencia. Se pone énfasis en que las sociedades nativas tienen mucho que aportar a la sociedad nacional y a la ciencia porque son conocedoras de la selva; porque son dueños de la biodiversidad; porque son poseedores de tierras ricas en fauna y flora, en petróleo y en plantas medicinales; porque tienen un gran potencial turístico; porque les compete la propiedad intelectual de los conocimientos naturales; porque son los conservadores natos de los parques naturales, de las reservas naturales, de los santuarios naturales. Bajo estos aspectos se admite que los nativos son dignos de respeto; que pueden entrar en relaciones económicas y en competencias con empresas nacionales y extranjeras, que son sujetos de derechos, que son capaces de celebrar convenios, etc. Esto se está viendo todos los días. Por ejemplo, durante estos tres últimos años el Bajo Urubamba ha sido testigo de un gran movimiento competitivo entre comunidades, federaciones, municipios, Ministerios, Regiones, políticos, compañías petroleras, ONGs, antropólogos, ecologistas y otros, cuyo tema de debate era el derecho de las comunidades nativas sobre su territorio, sobre la fauna y flora, sobre el medio ambiente, sobre el suelo y el subsuelo, sobre los ríos y quebradas, sobre el derecho a la supervivencia cultural y física, etc. Sin embargo, todos estos valores que se atribuyen a las sociedades nativas no son bienes propios, producidos por ellas, sino bienes de la naturaleza, de uso para los nativos, aunque no exclusivo pues deben compartirlos o negociarlos con la sociedad nacional.
Y si nos referimos a los proyectos de desarrollo del Estado y a las empresas extractivas, generalmente las CC.NN interesan en cuanto mano de obra productiva; en cuanto conocedoras del bosque, de la tierra y de los ríos; en cuanto poseedoras de las técnicas tradicionales. De hecho se les manipula como bien económico o como instrumento para la política desarrollista nacional. Por lo que se hace evidente que los fines e intereses preconcebidos son los que crean la objetividad de aquello que se requiere para desarrollar los proyectos.
Retomemos las preguntas:¿Qué pueden aportar las comunidades nativas al sistema educativo? ¿Qué pueden ofrecer los conocimientos tradicionales de los nativos a la medicina científica?
Creemos que las preguntas están mal hechas. Y las respuestas de que nada pueden aportar las comunidades nativas y de que la sociedad nacional puede aportar "todo", es falsa. Las preguntas son una sola y la respuesta a las preguntas es también una sola. Pero las respuestas que se dan tienen un claro sentido ideológico etnocéntrico, pues no se refieren a valores sociales, culturales y morales, ni a los valores familiares y de las personas.
Parece que las sociedades nativas no interesan en cuanto sociedades poseedoras de cultura y de organización, ni en cuanto sujetos de derechos tales como el derecho a la vida, a la salud, a la educación, a la libertad; ni interesan en cuanto son grupos humanos minoritarios que integran el Perú plurilingüe y pluricultural que consagra la Constitución Política. Por el contrario, solo interesa aquello que es exterior a las sociedades nativas y a su cultura (territorio, petróleo, fauna y flora, medio ambiente, etc.).
Pero tanto el análisis como la solución también deben ser integrales. El análisis debe partir de la existencia de una sociedad compleja, diversa y pluralista, y las repuestas deben tender puentes, hacia la integración de las sociedades en contacto. Es decir, el problema del Bajo Urubamba es un problema de interculturalidad. |