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Estudio e Investigación.
IMPERIO AMAZONICO
 

IMPERIO AMAZONICO

Existió en la Selva a la llegada de los misioneros un Imperio Amazónico, definido como una organización Panselvática. Esta consistía, a su vez, por un intercambio generalizado de productos dentro de cada pueblo y con otros pueblos, y por un intercambio de mujeres para procurar una extensión demográfica competitiva. Si bien este Imperio funcionaba básicamente a través de los bienes materiales de producción, era la organización política la que coordinaba el bienestar de la Selva mediante pactos y alianzas entre los grupos, que hacían posibles la existencia de la Unidad en la diversidad.

Siendo diversos y opuestos los grupos, sin embargo estas oposiciones se dejaban de lado cuando había un interés común contra un tercero, de tal modo que las alianzas y pactos entre grupos enemigos eran tan comunes que llamaba la atención de los misioneros el hecho de que las enemistades se superaban con repentinas alianzas. Reinaba una política de equilibrio, pues nadie trataba de ostentar poderes absolutos sino llegar al equilibrio de poderes. Las mismas guerras tenían esa finalidad, no de conseguir el dominio sobre otros pueblos sino de buscar la igualdad.

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Pero esto, que sucedía a nivel de pueblos étnicos, sucedía a nivel de familia extensa y, al interior de ésta, a nivel de familia nuclear. Al final, la responsabilidad de las alianzas y de las guerras radicaba en las familias. Una alianza o una guerra que se originaban en una familia podían comprometer a todo el pueblo; como también las alianzas y las guerras declaradas por los pueblos, comprometían a todas las familias. Esta es la razón por la que las guerras contra los conquistadores se prolongaron por más de doscientos años, pues habiendo estado comprometida en ellas toda la Selva, los españoles no pudieron cantar la victoria final mientras no hubieran vencido a la última familia, que se sentía con la responsabilidad de luchar contra los conquistadores en donde quiera que estuviese.

El Imperio Amazónico se relacionaba con el Inca mediante intercambios económicos y pactos políticos de colaboración mutua y de apoyo contra las agresiones de un tercero, pero nunca fue conquistado por el Inca. Entre la Selva y el Altiplano se había creado una organización que combinaba una estructura política y de economía de subsistencia, con otra más avanzada (la inca) de estructura de Estado. La tierra con su producción, los Varaderos naturales, los ríos como rutas de acceso, los petroglifos como guías, los caminos, los lugares sagrados de los ríos y del bosque, hacían posible el funcionamiento del Imperio Amazónico y la interrelación con el Imperio Inca. La ecología estaba, de este modo, al servicio de dos Imperios.

Esto pone de manifiesto que el hecho de encontrarse en contacto dos sociedades de distinto nivel de desarrollo económico y cultural, no necesariamente hay que pensar que el uno es más fuerte y otro más débil y que el más fuerte debe dominar sobre el más débil. En los dos Imperios hubo la capacidad de convivencia y de los pactos políticos y, sin duda, el examen de las ventajas que cada parte pueda sacar de esta convivencia habría estado presente en estas relaciones de alto nivel.

Generalmente se tiene la idea de que cualquier contacto de las sociedades nativas con el exterior, después de iniciarse la conquista, ha significado una destrucción de su cultura. También se piensa que las sociedades nativas han expresado una oposición decidida contra todo lo que venía de afuera; otros piensan que hubo, por parte de éstas, una resistencia pasiva, es decir, una indiferencia despreciativa hacia el exterior; otros que, por su pasividad, han aceptado pacíficamente su integración a otras culturas. En todas estas apreciaciones está presente el etnocentrismo de la sociedad dominante, que juzga al nativo de escasa capacidad para relacionarse con una sociedad poderosa que se autodenomina superior.

En los contactos de las sociedades del Urubamba con los primeros misioneros y con las migraciones se puede apreciar que, ante todo, los nativos buscaron reafirmar su unidad étnica, y no su desintegración social y económica, a pesar de la presión exterior y de haber aceptado muchos elementos de las culturas extrañas.

La estructura de los dos Imperios ha sido cambiada con la conquista española. Al romperse el sistema de relaciones económico-sociales con los Incas, sobre las que funcionaban las Unidades Panindígena y Panselvática, los nativos han utilizado los intercambios con los misioneros para restaurar la Unidad Panselvática. Dentro de este espíritu de unidad en la diversidad, los nativos intentaron asumir las propias funciones de los misioneros como fuerzas integradoras de esta Unidad. Deseaban que los misioneros se encarnaran dentro de la vida de sus pueblos y en su propia cultura. Pero los misioneros no comprendían estas intenciones ni entraba en su concepto de misión la encarnación; al contrario, el misionero buscaba la encarnación del nativo en el pueblo y cultura españolas, pero siempre y cuando dejase de ser nativo.

La pretensión de los nativos iba a tener como contrapartida la decidida oposición de los misioneros, la cual se manifestaría por las distancias que tomaban respecto a aquellos y por los calificativos que les aplicaban, como "ignorantes", "infieles", "salvajes". Esta misma distancia fue sentida y vivida por el pueblo nativo, convertida en complejo de eterno marginado y despreciado, guardando en el inconsciente mítico el arquetipo de pertenencia a otra órbita, que no admite integración con el no-nativo ni con el misionero.

De ahí que el nativo no pueda explicarse, y lo rechaza, el que en el día de hoy haya misioneros que pretendan encarnarse en su cultura. Más bien el nativo aconseja al misionero que no lo haga: "No vas a rebajarte", "si yo fuera como tu ni vendría a esta tierra".... Por estos motivos la discontinuidad se hace más clara. Pero la discontinuidad entre nativos y misioneros producía una unidad más firme entre los grupos étnicos de la Selva y una oposición a la cultura occidental que, al fin, era lo que motivaba la discontinuidad.

Hay otro hecho que nos manifiesta cómo los grupos nativos buscaban la Unidad entre todos: Lo vemos en el rechazo a la Reducción y, por tanto, al sistema de misión. Los misioneros no se explicaron el por qué de este rechazo, siendo así que consideraban a la Reducción como un medio óptimo para llevar la Buena Nueva a los nativos y proporcionarles los medios de un desarrollo socio-económico que les traería muchas ventajas.

Pero los nativos no rechazaban a los misioneros ni a los bienes económicos que les proporcionaban. Lo que rechazaban era todo aquello que rompiera el equilibrio entre los grupos, o sea, aquello que, al fin, contribuía a la desintegración de su sociedad. En la Reducción se suprimía el sistema de intercambio de objetos y de productos entre los nativos, definido por relaciones generalizadas cuyas bases eran la comprensión mutua del otro y la igualdad dentro de la diversidad, para sustituirla por un sistema individualista al servicio de una sociedad concreta, extranjera, más compleja, que excluía a muchos otros nativos de los servicios que prestaba. Los bienes de la Reducción eran muy escasos y, por tanto, accesibles solo a unos pocos, a los que vivían en la Reducción, no para todos.

Esto suscitaba la competencia entre unos y otros, por la desigualdad. La competencia generada por estas desigualdades no era una competencia tradicional en la que se produce más unidad, en la que nadie sale derrotado, en la que el que menos tiene llega a obtener una superación al igualar al otro. En la Reducción no sucedía así, pues el que estaba afuera quedaba derrotado definitivamente en la competencia. Pero, al mismo tiempo, en la Reducción se fomentaba el egoísmo y el individualismo, que son destructores de la Unidad.

El control llevado en la Reducción impedía que las desigualdades existentes entre los nativos de adentro y los de afuera no pudieran superarse en competencias siguiendo las normas tradicionales. Por eso a los nativos no les quedaba otra solución que competir con los misioneros. La ley de "todos igual", regla de oro para los nativos, se impuso. Si los bienes de la Reducción no son para todos, que no sean para nadie. Pero como los misioneros no estaban dispuestos a que sus bienes se extendieran a aquellos que no deseaban "reducirse a pueblo", entraban en oposición con los nativos. En el pensamiento de éstos los poderes, los bienes y los progresos deben estar equilibrados, pues estas son las bases de la Unidad dentro de los grupos y en toda la Selva. Cuando este equilibrio no pudo realizarse en las normales competencias, se hicieron necesarias las revoluciones de liberación. Pero cuando éstas se iniciaron participaban en ellas los de adentro y los de afuera buscando las alianzas y el equilibrio para consumar la Unidad (Sepahua I: 307-312).

 
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