Pero, a pesar de todo, constatamos que la diversidad se ha mantenido hasta el día de hoy, entre estos grupos, en su indumentaria, idioma, técnicas, espacio territorial, etc., y esta diversidad define su identidad como grupo. De hecho, el contacto intenso con otros pueblos no puede anular la diversidad que cada grupo hereda como diferente, pues la cultura presiona sobre los individuos para mantenerlos dentro de los cánones tradicionales. Pero hay otra fuerza que actúa haciendo posible las diferencias marcadas entre grupos cercanos. Es la voluntad colectiva e individual de sentirse.
Identidad indígena y unidad étnica. Uno de los fallos de la Reducción fue el invitar a todos, buscando la unificación de los diferentes pueblos, sin tener en cuenta esa voluntad de diferenciarse, que es característica esencial de los pueblos nativos, y lo que hacía imposible la convivencia en la Reducción. El mismo error cometieron el caucho y la hacienda y se repetiría en adelante en todas las planificaciones que se harían en las sociedades nativas, pretendiendo aplicar a todas por igual los mismos programas, sin tener en cuenta las diferencias de nivel, de progreso o de atraso, tratando de anular las diferencias, siendo así que cada grupo e individuos prefieren quedarse atrás, porque encuentran su identidad en el estancamiento, o aspirar al desarrollo para diferenciarse de los otros. Sin duda alguna que muchos pueblos e individuos han puesto en ejecución la voluntad y la iniciativa para cambiar costumbres y para asumir valores nuevos de los pueblos inmigrantes a su territorio, con el fin de prevenir y evitar un dominio de éstos sobre ellos; así como otros pueblos se habrán decidido por lo contrario, es decir, remontarse al interior de los bosques para evitar dicho dominio.
Estos casos se han hecho patentes a la hora de celebrar los Quinientos Años de la Colonia de América Latina. Mientras unos pueblos celebran el Quinto Centenario de su evangelización, otros reclamaban el que no hayan tenido la suerte de ser evangelizados. Pero revisando la historia se encuentra que unos pueblos tuvieron la voluntad de aceptar la evangelización y otros la rechazaron voluntariamente, alejándose a los lugares recónditos para evitar el contacto. Tal vez no hayan tenido la voluntad de rechazarla sino la voluntad de afirmar su propia identidad, sintiéndose diferentes de los grupos que optaron por la evangelización. Lo que esto nos indica es que las diferencias de cultura y de niveles de desarrollo de estos grupos no proviene de un abandono por parte de los misioneros, sino de una decisión voluntaria de los mismos grupos o por un aislamiento forzado o por presiones de guerra venidas del exterior.
Identidad indígena y familia. En casos de crisis de identidad, es dentro de las familias nucleares en donde se iniciará la restauración de los grupos étnicos. La historia vivida dentro de la familia, el mito, la creatividad y las nuevas circunstancias en que viven, irán perfilando poco a poco la identidad de la familia y, de ahí, del grupo. No siempre se ha hecho un retorno a lo original. La mezcla de familias, el desequilibrio de las tribus y de los linajes, la muerte o desaparición de hombres y de mujeres, los matrimonios fuera del grupo de parentesco, hacen que indistintamente se tomen rasgos culturales y formas de vida que no corresponden propiamente al grupo tradicional. Pero es la familia nuclear el elemento último que conserva la identidad y se hace responsable de que la familia extensa y el grupo adopten el resto cultural que va a definir su identidad, la cual a través de los años y con reajustes a las tradiciones y a la memoria histórica, se irá definiendo con característica propias con diferencias respecto a otros grupos.
Identidad indígena y Nación. La selva es un mosaico de sociedades nativas que requiere de una identificación en el conjunto de la Nación. Los antropólogos tratan de dar identidad a estos grupos; unos viendo cómo encontrarles una ubicación en el esquema general de "indio" o de "nativo", y otros tratando de identificar grupo por grupo dentro de una cultura autóctona original. Pero prefieren considerarlos aislados y excluidos antes que integrados a la Nación. Los mismos grupos nativos están influenciados por estas teorías e ideologías excluyentes que les impiden encontrarse al lado de los demás peruanos.
Resulta curioso revisar las apreciaciones que hacen ciertos antropólogos sobre los grupos étnicos, muy diversas y hasta opuestas, sobre todo cuando los juzgan fuera de su historia, tomando el punto de partida de sus estudios el momento preciso en que los encuentran. Y es más chocante aún cuando estos mismos estudiosos planifican el presente y el futuro de las sociedades nativas desde un concepto estático, reclamando para ellas un respeto a su cultura a ultranza, considerando que lo que están presenciando es un pueblo netamente autóctono, muy lejano a una integración nacional, al cual se le debe respeto y autonomía.
Esto nos hace pensar que el tema de la integración de los nativos a la Nación está en relación al principio ideológico que define lo que sería verdadero y falso arcaísmo y en relación a la capacidad que se otorgue a los pueblos nativos para asumir la integración como algo propio. Es decir, la identidad nacional de los nativos depende del manejo ideológico de agentes externos.
Identidad indígena e impacto social. La conquista, las Reducciones, las Doctrinas, las haciendas y el boom del caucho, la extracción industrial, las migraciones, las misiones, han constituido fenómenos históricos que impactaron e impactan en las sociedades nativas produciendo cambios. Al final de estos azarosos contactos, se nos presentan las sociedades nativas en muy diversas formas: Unas han huido de las presiones del exterior a los lugares más recónditos; otras, se han integrado a la sociedad nacional, en los barrios marginales, constituyendo los estratos más bajos; otras, han optado por fingir su no pertenencia a las sociedades nativas, buscando un refugio no definido entre los mestizos; otras, optaron por un servicio a los patronos y comerciantes, en semiesclavitud, como una forma de liberación; otras, en fin, prefirieron reorganizarse independientemente de acuerdo a una tradición, supuestamente autóctona pero que ha sufrido los embates de siglos de dominación. Las sociedades nativas no son estáticas ni entes congelados, sino sociedades dinámicas y abiertas al cambio.
Identidad original e identidad arcaica. Hablamos de "arcaico" como sinónimo de primitivo, autóctono, original, tradicional; y llamamos arcaico a la persona o pueblo que vive en estado primitivo y original. Pues bien, ¿cuál sería el verdadero y el falso arcaísmo tratándose de las sociedades de la Selva? El verdadero arcaísmo, lo propio, lo original, sería aquel estado primitivo en que los nativos vivían en una Unidad Panselvática, que era ejemplo de laboriosidad, de organización social e industrial; aquel estado en el que era posible la colaboración entre los pueblos más diversos, cuando todos tenían de todo lo que había y a nadie faltaba nada de lo que necesitaba. Es decir, la participación de todos al interior de la Selva y la comunicación con el exterior dentro del Imperio Amazónico, era lo original, lo arcaico.
Al contrario, el falso arcaísmo, el falso primitivismo, sería la forma producida por la conquista, por la civilización, por la hacienda, por el caucho. Es decir, es falso arcaísmo la destrucción de la Unidad Panselvática, el egoísmo, el individualismo, el aislamiento, el subdesarrollo en que han caído las sociedades nativas, la huida a los lugares recónditos y el retroceso a una vida primitiva ficticia, improvisada, que nunca nadie había vivido.
Por lo tanto, el supuesto primitivismo que viven algunos pueblos de la Selva en el día de hoy, no es lo primitivo ni arcaico ni lo original. Por lo que, para estudiar y conocer lo que hoy día son los piros, los amahuacas, los matsiguengas, los ashaningas, los kogapakoris, los mashcos, los sharas, los yaminahuas, debemos conocer su historia (Sepahua I: 315-323).
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