Se
dice que la Amazonía es uno de los pocos lugares del mundo
en donde vive gente sin contacto con otros que no sean de su grupo
étnico. Uno de estos rincones aislado de la Amazonía
está en el territorio del Vicariato de Puerto Maldonado
en donde se presenta el problema de los aislados con un gran contenido
social y político, que está siendo capaz de remover
los grandes intereses regionales, nacionales e internacionales.
El Banco Mundial está poniendo condiciones al Estado peruano
en sus mutuos compromisos por los derechos de los "aislados";
el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo
(OIT) exige a los Estados que lo han firmado respeto a los derechos
de los aislados; hace unos años se otorgó el premio
Bartolomé de Las Casas a la FENAMAD por su defensa de los
aislados; la Defensoría del Pueblo insta a los misioneros
a no establecer contactos con los aislados para su evangelización.
Lo
excepcional de este tema es que todo el mundo puede hablar de
los aislados, inventar escenas novelescas y trágicas, organizar
expediciones de conquista, crear infraestructuras de contacto,
formular teorías antropológicas y tender vallas
para el aislamiento. Y las conclusiones se van también
por los extremos: Unos defienden un estado paradisíaco
para los aislados y otros atribuyen su existencia a una creación
imaginaria.
Yo
comencé a oír noticias sobre los indios aislados
desde el primer día que ingresé a la Misión
del Sepahua, en octubre del año 1952. La primera advertencia
que recibí fue que por la "ley del río"
nadie debía acampar en la margen derecha del río
Urubamba porque en las noches llegaban los indios "remontados",
que roban y matan. Era una ley que se cumplía sin discusión.
La razón de que no hubo afluencia de nativos a la Misión
en los seis primeros años fue porque la Misión estaba
situada en la margen derecha del Sepahua y del Urubamba. Eran
familiares para mí las frecuentes alarmas de incursiones
de los yaminahuas, que personificaban ese enemigo desconocido.
Y todos los años, en la época de secas, las alarmas
se hacían más trágicas. Se hablaba de muertes,
de incendios, de robos imaginados, que nunca se producían,
pero que obligaban a los nativos de la Misión a emigrar
por algunas semanas o meses a otros lugares, supuestamente más
seguros, en la margen izquierda del Urubamba. No es, por lo tanto,
novedad para mí, ni para muchos otros, el que estas alarmas
se produzcan en nuestros días. Nos limitamos a comentarlas
y a investigar su procedencia. No siempre se originan en los círculos
nativos. Hay en estas alarmas elementos nuevos que antes no había.
Personas e instituciones ajenas al mundo nativo aparecen involucradas
en estos hechos y en sus historias. Hay también intereses
económicos, políticos, sociales y religiosos, ajenos
al mundo nativo.
No
tendría ningún interés para mí comentar
las últimas noticias sobre la aparición violenta
de los "aislados" si en estas noticias no se hayan vertido
conceptos vejatorios para los misioneros. Esto justifica el que
hagamos algún comentario.
La
noticia
El
día 19 de febrero del presente año 2001 la FENAMAD,
Federación Nativa del Madre de Dios, hizo un pronunciamiento
con motivo de una supuesta matanza de Piro-Mashco acaecida, según
el informe, en el río Purús el día 12 del
mismo mes. Dice el comunicado: "Un grupo de indígenas
aislados que se desplazan por las cabeceras del río Purús,
ingresó sorpresivamente a la Comunidad Nativa Amahuaca
Santa Cruz... a raíz de lo cual se produjo un violento
enfrentamiento con los pobladores de la comunidad dejando como
saldo un número considerable de indígenas aislados
heridos por los impactos de los cartuchos e inclusive, según
información de fuentes confiables, pero no confirmada,
la muerte de siete miembros del mismo grupo... La presencia de
indígenas aislados en la Comunidad Nativa Santa Cruz se
debe a la presión que vienen ejerciendo los madereros sobre
sus territorios, provocando desplazamientos forzados y generándose
en consecuencia enfrentamientos con las poblaciones indígenas
cercanas". Critica a la Misión SAM por su presencia
en zonas apartadas con el fin de evangelizar, realizando "peligrosas
acciones de contacto. En otros casos anteriores vividos en la
Amazonía, han sido justamente estos grupos religiosos los
responsables de la propagación de las enfermedades y la
aniquilación de pueblos indígenas en aislamiento". De
hecho no se ha probado que haya existido ese encuentro ni las
graves consecuencias que se narran.
En
la misma línea alarmante, la revista ETECÉ en su
Nº 36 de día 17 de marzo de este año 2001 publica
un artículo firmado por Walter H. Wust, que titula "Silban
las flechas en el río Purús". Un subtítulo
sobrepuesto dice: "Madereros y religiosos con los ojos puestos
en las tierras de los indígenas no contactados". Más
adelante, en otro recuadro, cita un párrafo del ecólogo
Dr. Antonio Brack Egg, que dice: "La situación es
especialmente grave en las cabeceras de los ríos Las Piedras
(Madre de Dios), Alto Purús, Sepahua y Camisea. Allí
se están produciendo enfrentamientos entre comunidades
nativas nómadas y no contactadas con madereros"....
"Grupos religiosos de diversas denominaciones (católicos
y otros) están tratando de contactar grupos indígenas
en su afán proselitista".
Es
un artículo largo que cuenta la misma historia anterior:
"Un grupo de nativos sharanahuas... acompañado de
otro grupo de amahuacas... se dirigieron a trabajar en la extracción
de madera... A pocos minutos de instalar su campamento fueron
atacados con disparos de flechas efectuados por nativos nómadas
Mashco-piro... Cuando los atacantes dejaron de lanzar flechas
envenenadas, los nativos sharanahuas... los únicos que
portaban escopetas, abrieron fuego hacia los mashco, ocasionando
la muerte a 8 de los atacantes".
El
autor es consciente de que las informaciones son contradictorias; él no reproduce una foto de los cadáveres; no habla
de la naturaleza de las heridas; no muestra flechas; las fotos
que ilustran el artículo nada tienen que ver con el asunto,
son fotos folklóricas que se compran en el mercado. El
autor sabe que no existió tal enfrentamiento, pero nada
comenta a este respecto, sin embargo teje una historia novelada,
falsa, injusta y calumniosa, e involucra a los misioneros "SAM,
católicos y otros".
El
periodista autor del artículo se dirige a los misioneros
(pg. 19) con esta pregunta: ¿"Qué derecho tiene
un grupo organizado, sin importar su tendencia religiosa, a forzar
a un pueblo a cambiar sus costumbres ancestrales?".
Yo,
como misionero, le respondo con otra pregunta: "¿Qué
derecho tiene un grupo organizado o un individuo particular como
el autor del artículo, sin importar su tendencia religiosa,
a crear una historia imaginada, sembrando el pánico en
la selva, poniendo como protagonistas a los Piro-mashco, con una
función de criminales y terroristas, sin conocerlos ni
haberlos visto? Respecto al peligro de destrucción y cambio
de la cultura indígena, le contesto con las palabras acertadas
de Juan Pablo II en su mensaje del 1 de enero del 2001: "Una
cultura, en la medida en que es realmente vital, no tiene motivos
para temer ser dominada, de igual manera que ninguna ley podrá
mantenerla viva si ha muerto en el alma de un pueblo" (nº.
15). Estamos seguros de que si la cultura Piro-mashco está
viva no la cambian los contactos, pero si no lo está no
revivirá por más leyes y reservas que la amparen.
Pero creemos que está viva.
Todos
tenemos derecho a opinar sobre un tema que, como éste,
está de moda. Además nadie puede prohibir a otro
que hable de lo que vio y de lo que constató con su experiencia.
Creo que será sumamente beneficioso para los indígenas
nativos, "aislados" y "no aislados", "sin
contacto" y "contactados", que se esclarezcan ciertos
conceptos que les afectan a ellos y también a los que,
de algún modo, tenemos interés en su bienestar,
aunque los mismos nativos no sepan que están en la mira
de la opinión pública ni les interese lo que se
hable de ellos.
Los
derechos fundamentales
Al
hablar de los nativos debemos tener presentes los derechos que
les asisten desde su condición humana, sean aislados o
contactados. Señalamos estos derechos:
1.
Derechos humanos:
Todos
los seres humanos nacen libres e iguales en su dignidad y derechos
y, dotados como están de razón y conciencia, deben
comportarse fraternalmente los unos con los otros (art.1). Toda
persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta
Declaración, sin distinción alguna de raza, color,
sexo, idioma, religión, opinión política
o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición
económica, nacimiento o cualquiera otra condición
(art.2). Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad
y a la seguridad personal (art.3). Todos son iguales ante la Ley
y tienen, sin distinción, derecho a igual protección
de la ley (art.7). Nadie será objeto de ingerencias arbitrarias
en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia,
ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona
tienen derecho a la protección de la Ley contra tales injerencias
o ataques (art.12). Toda persona tiene derecho a circular libremente
y a elegir su residencia en el territorio del Estado (art. 13).
2.
Convenio 169 de la OIT.
Los pueblos indígenas y tribales deberán gozar plenamente
de los derechos humanos y libertades fundamentales, sin obstáculo
ni discriminación. Las disposiciones de este Convenio se
aplicarán sin discriminación a los hombres y mujeres
de esos pueblos (art.3). Deberán reconocerse a los pueblos
interesados (indígenas) los derechos de propiedad y de
posesión sobre las tierras que tradicionalmente ocupan.
Además, en los casos apropiados, deberán tomarse
medidas para salvaguardar el derechos de los pueblos interesados
(indígenas) a utilizar tierras que no están exclusivamente
ocupadas por ellos, pero a las que hayan tenido tradicionalmente
acceso para sus actividades tradicionales y de subsistencia. A
este respecto, deberá prestarse particular atención
a la situación de los pueblos nómadas y de los agricultores
itinerantes (art.14).
3.
Constitución Política del Perú:
La
defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el
fin supremo de la sociedad y del Estado (art.1). Toda persona
tienen derecho a la vida, a su identidad, a su integridad moral
(art.1, 1). Toda persona tiene derecho al honor y a la buena reputación,
a la intimidad personal y familiar así como a la voz y
a la imagen propia. Toda persona afectada por afirmaciones inexactas
o agraviada en cualquier medio de comunicación social tiene
derecho a que éste se rectifique... sin perjuicio de las
responsabilidades de Ley (art.2, 7). Toda persona tienen derecho
a elegir su lugar de residencia, a transitar por el territorio
nacional y a salir de él y a entrar en él (art.2,
11). Todas persona tienen derecho a su identidad étnica
y cultural. El Estado reconoce y protege la pluralidad étnica
y cultura de la nación (art. 2, 19).
Los
derechos señalados son derechos fundamentales. El nativo,
fuera cual fuere su nivel de desarrollo, debe ser comprendido
dentro de la sociedad civil Tiene los derechos fundamentales humanos
y constitucionales. Estos derechos son anteriores a cualquier
norma que se dicte desde cualquier Ministerio y aún antes
que el D.L. 22175 Ley de Comunidades Nativas y aún anteriores
al derecho consuetudinario.
Nadie
puede acusar a los aislados Piro -mashco de criminales y atribuirles
ligeramente hechos de sangre que no han cometido. Los autores
de los documentos que estamos comentando tienen la obligación
constitucional de retractarse públicamente y de resarcir
los daños a la fama de los Piro-mashco. Tampoco puede un
grupo o un individuo nativos aplicar el esquema del "enemigo
desconocido" a otro grupo simplemente por el hecho de considerarlo
aislado. No por el hecho de ser aislado se convierte en enemigo,
al cual se le deba culpar de todos los males.
Tampoco
nadie puede inventarse Leyes ni dar normas para aislar a los "no
contactados" en reservas, ni excluirlos de establecer relaciones
interculturales con la población nacional. Esta, en vez
de aislarlos, debe aceptar su presencia y permitir las relaciones
interculturales generalizadas con quienes deseen establecerlas.
Los "aislados"
Como
hemos dicho antes la Amazonía es uno de los pocos lugares
del mundo en donde vive gente sin contacto con otros que no sean
de su mismo grupo étnico. Y a este rincón de la
Amazonía lo encontramos en el territorio del Vicariato
Apostólico de Puerto Maldonado: Cabeceras del Inuya, del
Mapuya, del Sepahua, del Mishahua, del Camisea, del Timpía,
del Ticumpinía, que vierten sus aguas a la Cuenca del río
Ucayali; y las cabeceras del Tahuamanu, de Las Piedras, del Manu,
que vierten sus aguas a la Cuenca del río Madre de Dios;
las cabeceras de Cuja, del Curiuja y del Curanja, que vierten
sus aguas a la Cuenca del río Purús.
Los
grupos, supuestamente aislados, que viven en el territorio del
Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado son: Mashco-piro,
yaminahua, amahuaca, yora o nahua, manchineri, koshichineri. Estos
grupos deambulan sobre las fronteras Perú-Brasil, en los
ríos Yaco, Chandles, Embira, Purús y Yurua. Algunos
de estos grupos migran por los ríos Tahuamanu, Curanja
Piedras, Sepahua, Inuya, Mapuya. Y más al interior, en
la cuenca del Urubamba, se hallan los kogapakori, nanti, ashaninga
y kaquinti. En estos últimos tiempos se añade a
este elenco los "deño" en el río Purús.
La
situación geográfica y demográfica de los
"aislados" adquiere un carácter especial a partir
de la caída del caucho. Hubo durante la crisis cauchera,
que terminó con esta actividad, una dispersión de
los trabajadores indígenas que había sido llevados
del Ucayali al Madre de Dios. Muchos pudieron recuperar sus habitats
tradicionales pero otros, no se sabe por qué, no pudieron
integrarse a sus lugares de origen quedándose en la misma
zona de trabajo, permaneciendo estancados en bolsones demográficos,
creando allí un nuevo habitat. De ahí que se encuentren
en Brasil, en Bolivia y en el Perú grupos piro, amahuaca,
yaminahua, ashaninga, shipibo, mashco-piro y otros, oriundos de
las cuencas del Urubamba y del Ucayali. Muchos de ellos conservan
su identidad indígena, pero otros perdieron la referencia
a sus orígenes, tal vez porque vivieron agrupadas y en
alianzas familias de diferentes grupos, las cuales han tenido
que encontrar formas culturales comunes para poder sobrevivir
socialmente, como por ejemplo el uso del idioma castellano o el
portugués y asumir costumbres aculturadas. A muchos de
ellos les queda como identidad el apellido, por el cual cualquier
investigador podrá fácilmente reencontrar su árbol
genealógico remontándose, sin duda, al Ucayali,
desde donde podrían reivindicar su identidad étnica.
Tenemos en el Madre de Dios apellidos Koshichineri, Manchineri,
Urquía, Tapullima, Inuma, etc. de clara procedencia ucayalina.
El idioma lo han perdido en sus abuelos y padres y aunque viven
sobre el mismo territorio tampoco comparten la misma cultura y
aunque estén mestizados no parece que tengan una noción
de unidad global sino, más bien, restringida a una zona
reducida, que se puede identificar como un enclave étnico.
Otros
indígenas, que remontaron los ríos para esconderse
de una posible resurrección del sistema esclavista del
caucho, quedaron superpuestos en las fronteras del Perú,
Brasil y Bolivia, como son algunos pequeños grupos de piro,
amahuaca, yaminahua, shipibo, ashaninga, piro-masco, sobre los
ríos Purús, Acre, Yurua, Yaco, Chandles. Estos no
renunciaron a su lengua ni a su cultura, pero se integran en un
territorio no definido, entre el Perú, Bolivia y Brasil.
Son vistos de muy diferente modo por los países por donde
transitan. Desde el Perú se consideran aislados, pero con
Brasil tienen mayor comunicación.
En
ambas márgenes del río Yaco, de Municipio de Cena
Madoreira, hay unas poblaciones de manchineri, de la etnia piro,
con una población total en las dos aldeas de 349 personas.
En esta zona hay también una población de yaminahua,
en el lugar llamado Betel, con una población aproximada
de 80 personas. En la margen izquierda de las Cabeceras del río
Acre, más arriba de Bélgica, perteneciente a Brasil,
hay una población yaminahua de unas 217 personas. Otras
familias yaminahua se encuentran en Asís Brasil, frente
a Iñapari. Otras familias yaminahua se encuentran en el
Chandles peruano.
En
el Perú hay radicadas otras poblaciones, que transitan
entre Perú y Brasil, tienen relaciones de trabajo en los
dos países, hablan su propio idioma, pero también
el brasilero y el español. Entre estas poblaciones señalamos
los llamados manchineri y koshichineri, que son del grupo étnico
piro, de idioma arawak. El grupo piro de Bélgica (Acre)
ha tenido como maestro bilingüe a Juan Sebastián (padre),
en la década de los 60, maestro bilingüe de Miaría,
con el cual viajaron al Urubamba unas familias para reencontrarse
con sus familiares, de los cuales habían estado separadas
desde los trabajos del caucho. El grupo de Bélgica tiene
el apoyo de Iñapari (Perú), pero también
lo tiene del Brasil en donde trabajan y negocian, hablan brasilero
y visten al estilo de los campesinos del Brasil. En cierta oportunidad
una sección de estos piro se trasladó al Tahuamanu
a un poblado indígena llamado Oceanía. De estos
piro Manchineri y Koshichineri, hay grupos en los ríos
Yaco y Chandles brasilero y un gran número de ellos reside
en el Ucayali y Bajo Urubamba.
Hay
otros grupos en las cabeceras del Acre, Yaco y Tahuamanu que no
están identificados. También se habla de Mashco-piro
en los ríos Yaco y Chandles en la frontera Perú Brasil.
Debemos
notar que estas poblaciones que migran entre Perú y Brasil,
plenamente identificadas, tienen sus paisanos y familiares en
el río Urubamba. La población pira del Urubamba
se compone de manchineri, koshichineri, getineri, Mashco-piro
y otras tribus que forman la gran familia pira. La historia de
las movilizaciones indígenas de este último siglo
prueba lo que hemos dicho, esto es, que casi la total población
piro del Urubamba y Ucayali ha sido trasladada al Madre de Dios
para el trabajo del caucho y al producirse la quiebra de esta
explotación muchos quedaron diseminados por aquellos ríos
en donde les sorprendió el final del boom cauchero. No
es, pues de extrañar, que se hayan convertido en fronterizos
sin identidad nacional definida. No es tampoco de extrañar
que, cuando aparecen los peruanos en Brasil, en este país
los consideren "aislados", "tribus nuevas";
y lo mismo sucede cuando aparecen en el Perú. De igual
modo acontece con los yaminahua y amahuaca de los ríos
Mapuya e Inuya, que migran al río Yurua, y alternan su
habitat entre Perú y Brasil. Lo mismo sucede con algunos
grupos del Purús que periódicamente emigran del
Perú a Brasil y viceversa. Hay un grupo muy numeroso de
ashaninga en el Purús brasilero, en estado primitivo, que
quedó como resto de un gran número de éstos
que el cauchero Carlos Sharff llevó del Ucayali al Purús.
Históricamente
la situación de los grupos nativos en el vicariato Apostólico
de Puerto Maldonado ha estado sometida a una movilidad forzosa
que data desde los últimos años del siglo XIX. Diremos
que a partir de las primeras entradas a la extracción del
caucho en el Madre de Dios, los caucheros pasaron por el Alto
Ucayali y Bajo Urubamba trasladando a punto de bala "Winchester
44" a todos los hombres y familias que encontraban en el
camino, que fueron diseminados por los diferentes ríos
y quebradas del Madre de Dios. Entre estos grupos estuvieron witotos,
cocamas y shipibos del Ucayali; ashaningas del pajonal; Piro-mashco,
piro manchineri, piro koshichineri y otras denominaciones piro
del Urubamba. Esta movilización forzosa creó una
nueva configuración territorial de los grupos étnicos
que no era la tradicional, habiéndose producido en ellos
escisiones internas hasta la atomización social y alianzas
matrimoniales muy diversas.
Los
misioneros dominicos han tomado contacto con los yaminahua del
río Acre, según notas de Misiones Dominicanas. P.
Angel Santos (MD. XXX, 111: 63-69); P. Antonio Martín (MD,
XXXVIII, 220); P. Nemesio Martínez (MD, XXXVI, 208). Pero
sobre el mismo grupo trabaja el Gobierno brasilero del Acre. Desde
la Misión del Sepahua, los misioneros dominicos se relacionan
con los nahua, los kogapakori, los kaquinti, los nanti, los yaminahuas
y amahuacas del Sepahua, Purús, Inuya y Mapuya y con los
Piro-mashco del Urubamba.
Características
de los "aislados"
1.
La población no nativa de la Amazonía tienen del
nativo un concepto tradicional, es decir, el mismo concepto que
se tenía en el Perú a finales del siglo XIX y comienzos
del XX. Se considera al nativo como salvaje, agresivo, enemigo
de lo nacional. Se acepta que haya algunos ya "civilizados",
pero se cree que quedan muchos al interior de la selva que viven
al acecho de los que entran en su territorio y vagan por doquier
sembrando el terror en los habitantes pacíficos. Se cree
que el nativo no es dueño de sí mismo ni tiene derechos.
Hay quien sostiene que ha sido creado por Dios para servir incondicionalmente
al no nativo, por lo que se le busca como siervo y peón
barato. También los nativos aculturados juzgan a los nativos
"aislados" y "sin contacto", con estos conceptos
peyorativos tradicionales.
2.
Este concepto tradicional sobre el "aislado" y el "desconocido"
se ha polarizado y forma parte del mundo mítico del hombre
de la selva y funciona como un esquema mental que estructura la
sociedad indígena, de modo que por relación a él
ésta se organiza al interior de sí misma y en sus
relaciones con el exterior. El aislamiento de los "no contactados"
tiene un valor simbólico en el inconsciente del indígena
amazónico. Unos lo consideran "el enemigo desconocido"
que en cualquier momento puede incursionar en su poblado y diezmarlo.
Puedo decir que en mis 40 largos años en Sepahua he sido
testigo de las amenazas que se cernían sobre la Misión
de parte de los "aislados", personificados en los yaminahuas
oriundos del Purús y del Mishahua, que todos los años
en la época de secas, mantenían vigilante y sobresaltada
a la población de la Misión. Esta se organizaba
en rondas de control, inspeccionaba día y noche, cruzaban
información los piro, los amahuaca, los ashaninga y los
matsiguenga limítrofes. Se apreciaba la información
de los amahuacas porque, se decía, "ellos toman ayahuasca
y ven en dónde se encuentran sus enemigos los yaminahuas".
De hecho nunca aparecieron en la Misión estos indios temidos.
Yo no creía en las posibles incursiones, pero no tenía
otra alternativa que dejarme llevar de las alarmas y acompañar
a la población de la Misión en el control. Más
de un periodista se imaginó enfrentamientos entre los nativos
de la Misión y los "aislados", con títulos
como éste "Los tambores tocan a guerra en Sepahua",
de lo cual han tenido que retractarse públicamente. Aunque
estas guerras nunca sucedían los nativos y los mestizos
pedían al Estado crear reservas para los aislados con el
fin de que vivan en ellas a su gusto, es decir, era necesario
aislarlos y recluirlos para cortar el temor a los "aislados".
La reserva Nahua Kogapakori tenía esta intención.
Sin embargo había una contradicción: Las ONG promotoras
de la reserva no hicieron conocer a los "aislados" que
tenían una reserva y que, por lo tanto, debía vivir
encerrados en ella y no fastidiar a la población pacífica;
pero no impidieron que los madereros invadieran sus tierras.
3.
No todos los grupos nativos temen y rechazan la existencia de
los "aislados" por constituir un peligro. Hay grupos
que miran a los "aislados" como posibles instrumentos
de alianzas, sea para la complementación de sus clanes,
sea para asumirlos como aliados contra un tercero, sea para utilizarlos
en sus proyectos económicos. Mi experiencia en Sepahua
es que, si los piro y matsiguenga temían a los "aislados"
y se organizaban para la defensa, en la época de secas,
los amahuacas, al contrario, esperaban la época de secas
para hacer expediciones y encontrar a los "aislados",
con los cuales hacían alianzas y podían corregir
su déficit demográfico.
4.
Aunque la importancia demográfica de estos grupos es mínima,
esta gente son los guardianes simbólicos de los lugares
vírgenes del Globo, para cuya acción poseen sistemas
que la ciencia ignora, pero que necesita conocer, por lo que la
humanidad debe respetarlos y tenerlos en cuenta en los proyectos
de conservación de la naturaleza. Estas gentes nos dan
también ejemplo de cómo se puede vivir en simbiosis
con la naturaleza sin tener dinero, sin tener ropa, sin tener
toda esa clase de bienes materiales que los llamados "civilizados" codician.
5.
Pero la Amazonía es tan compleja y misteriosa que, aunque
no veamos nada o muy poco, siempre hay un desafío. Existe
en ella una gran diversidad de grupos étnicos, unos identificados
y otros sin identificar; unos en estado primitivo y otros integrados
a la sociedad nacional. Esta diversidad amazónica aporta
más a la ciencia del hombre que la filosofía de
la integración a la sociedad nacional, la cual está
hecha con políticas en las que los principales agentes
de integración son los caucheros, los madereros, los narcotraficantes,
los terroristas y un sistema semifeudal corrupto. Es dentro de
esta diversidad amazónica en donde se nos presenta el reto
de entender algo referente a los aislados y a los excluidos.
6.
No podríamos hablar de que los grupos nativos a los que
nos referimos son las fronteras vivas entre dos países:
Perú y Brasil Estaríamos atribuyendo a los pueblos
primitivos un sistema político ultramoderno y una ideología
nacionalista como si ésta fuera de la esencia natural del
hombre, que no lo es. Pero podemos atribuir a los indígenas
fronterizos una capacidad asombrosa de interculturalidad por su
interdependencia transnacional y convivencia entre dos sociedades
vecinas, aunque de distintas naciones. Ellos mantendrían
la economía y sociedad de cada nación, como fronteras
vivas, al poder vivir simultáneamente sirviendo a los comerciantes
de los dos países, creando el pacto de no agresión.
El indio fronterizo con su presencia, su trabajo, sus migraciones,
es necesario para la reproducción de los pueblos peruano
y brasilero de las fronteras. Es esto lo que le hace falta comprender
al amazónico no indígena. Pero también le
falta conocer que en las fronteras no es posible ninguna de las
definiciones que se dan del indio y del no indio. Hay una gran
diferencia entre la definición que un yaminahua, un amahuaca
y un ashaninga dan de sí mismos en las fronteras del Yurua,
y la definición que dan de estos mismos las Federaciones
y la población mestiza. Los nativos de las fronteras viven
en un contexto en el que los términos de identidad están
en proceso de cambio, pues no solo se producen alianzas entre
los grupos nativos sino también con los mestizos, los cuales
terminan perteneciendo a la misma comunidad.
7. El espíritu del nativo en general es abierto, flexible,
comunicativo. Lo vemos en las cabeceras del Yurua entrando al
Embira, desnudo; pero a ese mismo se le ve en la ciudad de Cruceiro
intercambiando objetos o sirviendo a un patrón blanco.
Puede vestir en su poblado a la última moda, pero al emprender
un viaje por la selva cuelgan su ropa en un arbusto, para recogerla,
tal vez, a los quince días o a un mes. Pensar en el nativo
con un criterio simplista no hace sino obscurecer nuestra mente
para no comprender lo que es el ser humano. Lo mismo sucede si
lo pensamos desde la civilización y el progreso, pues el
nativo es tan tradicional y cambiante a la vez, que lo mismo puede
subsistir en las cabeceras de la quebrada más recóndita
que en la ciudad, conservando su forma de ser indígena.
8.
Los defensores a ultranza de los "aislados" interpretan
la oposición de éstos a la civilización como
un orgullo de vivir en soledad, pero no analizan debidamente la
estructura e ideología de la vida en aislamiento. Por su
distribución demográfica estamos constatando que
esos grupos han quedado aislados por circunstancias históricas
ajenas a su voluntad. Diremos que no han tenido otra alternativa
que aislarse para defenderse de la esclavitud. Ahora están
establecidos en un lugar e identificados con un mundo físico
y cultural propio. Pero, sin duda, en su representación
histórica estará el recuerdo de sus orígenes
y el complejo de defraudados en su suerte y de perseguidos. Por
eso no es de extrañar que existan grupos "aislados"
que deambulen por la selva en busca de sus ancestros perdidos,
a los que necesitan para asegurarse su supervivencia; o en busca
de su habitat primigenio al que identificarán como la "tierra
sin mal". De ahí que cuando se habla de contacto con
el exterior debamos considerar que en la intención y en
la propuesta del contacto existe en el indígena la intuición
del peligro de la esclavitud, de la que ha tenido y tiene una
experiencia negativa, por lo que su resistencia y actos de violencia
no van sobre el "contacto" sino contra la forma de establecerlo.
Esto nos aclara mucho. El aislado no rechaza el contacto, lo busca,
pero es la población foránea la que interrumpe la
interculturalidad. Por lo tanto, el problema no es del aislamiento
ni del contacto, sino de que la sociedad nacional carece de ética
política en las relaciones humanas con los diferentes.
No es, pues, la solución aislar más a los que ya
lo están ni encerrarlos en reservas, sino educar a la sociedad
nacional en sus deberes y en el respeto a los derechos de los
demás.
9.
Los indígenas, como cualquier ser humano codician los bienes
materiales, aman la libertad, buscan la expansión de sus
territorio, desean establecer alianzas. Algunos interpretan la
opción de los aislados como un orgullo de vivir en soledad.
No cabe duda de que la tranquilidad forma parte de la calidad
de vida que todos desean, de lo que no está exento el indígena
que, como cualquier otra persona, ama su intimidad. Pero no se
piense que el aislamiento es de la esencia de los grupos a los
cuales se les llama aislados. Yo soy testigo del esfuerzo y de
las estrategias que realizaban los amahuacas y los yaminahuas
del Mapuya, los amahuacas y yaminahuas del Purús y los
Shara del Mishahua, para establecer contactos con la Misión
del Sepahua. Nadie podrá decir que la Misión ha
cometido etnocidio en los contactos con estos grupos; y si lo
dice está calumniando.
10.
La estructura del pueblo indígena está constituida
por la familia, nuclear, la familia extensa, la tribu y el territorio.
Es de la esencia del pueblo indígena el desarrollo demográfico,
el aumento del contingente humano del grupo, para lo cual deben
hacer alianzas entre conocidos y aún con los mismos enemigos.
Si no hay estas alianzas se produce un aniquilamiento interno
de los grupos. Por defensa del grupo los "aislados"
se ven obligados a emigrar en busca de otros con los cuales podrían
hacer alianzas. Si los "aislados" se movilizan es por
la exigencia de su supervivencia como grupo. De ahí que
el aislamiento sistemático no existe, si no es por fuerza
mayor, es decir, si desde el exterior los exploradores, los madereros,
y los "cazadores de indios" les impiden manifestarse.
Con esto contribuyen a su extinción. También contribuyen
a la extinción de los "aislados" cuantos impiden
su contacto y se empeñan en recluirlos en reservas indígenas.
11.
Es también de la esencia del pueblo indígena el
territorio. Es territorio indígena el espacio en donde
habita. Sobre éste tiene un control constante, definido
por relación al enemigo, conocido y desconocido. Por eso
se le observa haciendo expediciones de exploración por
la selva, simplemente para reconocer su territorio, defenderlo
y ampliarlo. Si encuentra amigos en estas expediciones ha encontrado
un factor esencial para su existencia: Las alianzas. Si encuentra
enemigos, pone en actividad su sistema político cuyo objetivo
final es el procurarse las alianzas mutuas. Los que viven en los
países fronterizos extienden sus dominios indistintamente
a uno y a otro lado de las fronteras, pues no conocen los acuerdos
internacionales de respeto a los países de origen. Los
que viven en el Departamento del Madre de Dios invaden los ríos
Acre, Embira y Yaco brasileros; los del Yurua y Purús del
Departamento de Ucayali se pasan al Brasil. Pero al mismo tiempo
se toman la libertad de extender sus migraciones dentro de la
Amazonía peruana. Su presencia se hace notar en las riberas
de muchos ríos peruanos en donde son rechazados y excluidos
por las poblaciones nacionales. Debe respetárseles el libre
tránsito dentro del Perú.
12.
Pero en la selva no habitan solamente los indígenas: Hay
otros grupos humanos que son llamados "nacionales".
Estos se consideran los habitantes natos de la región y
también la recorren, la exploran y la explotan. El hecho
es que la selva no es infinita ni impenetrable. Los indios, en
sus migraciones, llegan a encontrarse con la población
"nacional" y ésta población en sus recorridos
por las selva se encuentra con los "aislados". Pero
es el "aislado" el que en estos encuentros se ve impedido
de desarrollar sus sistema social y político, es decir,
ve coartados sus derechos a la sobrevivencia. Se le cruzan en
el camino gentes mal intencionadas que interrumpen sus migraciones
y otras gentes que, simulando ser sus benefactores, los aíslan,
los excluyen y exigen a los gobiernos que sean recluidos en reservas.
13.
No está claro cuáles son realmente los intereses
del mundo exterior sobre los "aislados", porque al fin
y al cabo, las buenas y malas intenciones van en su perjuicio.
Sin embargo debemos afirmar que el tema de los "aislados"
se ha politizado demasiado y se están distorsionando sus
derechos en nombre de no se sabe qué ideología ¿Narcotráfico?
¿Turismo? ¿Extracción maderera? ¿Materialismo
ecológico?
Los
Mashco - piro
En
estos últimos años se han puesto de moda los Mashco-piro
o los Piro- mashco. Se habla de ellos como los "aislados"
por excelencia. Para algunos son los nómadas que acechan
los poblados para atacarlos, robar, matar. Para otros son el ejemplo
de la integración humana en la naturaleza. Se dice que
existen, aunque no se les ve; se simulan encuentros y fotografías;
se les atribuyen los temores que se sienten. Ellos personifican
el mito del "enemigo desconocido". Lo que hace cincuenta
años eran los yaminahuas y amahuacas, ahora son los Mashco-
piro: Simbolizan el terror y la muerte. Parece que es el resto
de nativos que queda sin contactar. Por esto mismo se concentra
sobre ellos la atención: Unos pretenden atraerlos e integrarlos
a la civilidad; otros pretenden recluirlos en reservas. La pregunta
es: ¿Con qué derecho unos y otros pretenden decidir
de la vida de los Piro- mashco? Lo normal es que se les deje actuar
libremente y que ellos decidan de su existencia.
Siempre
que se habla de los Piro-mashco se hace de ellos una descripción
de su físico y de su comportamiento. Se dice que son altos
y fornidos; que sus pies son largos; para unos, se pintan su cuerpo
de huito y de achote; otros dicen que no se pintan; unos dicen
que andan desnudos hombres y mujeres; otros dicen que los hombres
llevan taparrabo y las mujeres pampanilla; unos dicen que son
asesinos; otros dicen que son pacíficos; unos dicen que
buscan el contacto con el exterior; otros dicen que desean vivir
aislados; unos dicen que son muchos; otros dicen que están
próximos a extinguirse.
Vemos
que la información que se tiene de los Piro-mashco es mínima,
confusa y contradictoria. Esto daña grandemente a un pueblo
cuya trayectoria histórica de progreso y de liderazgo fue
reconocida por misioneros, exploradores y colonizadores que los
conocieron desde el primer momento que el "civilizado"
entró a la selva. Por el respeto que les tengo a los Piro-mashco,
con los cuales he trabajado muchos años, y en honor a la
verdad y a la justicia, deseo presentar a la opinión pública
una nueva fisonomía de este pueblo, muy diferente de la
que hoy se conoce, que sirva como un justo desagravio.
Revisemos
la historia de la selva. En mi estudio sobre la Misión
del Sepahua (Sepahua I) hago una larga referencia de los que fueron
los Piro-mashco en la historia del Alto Ucayali y Bajo Urubamba
y cuál fue la suerte durante el caucho y después
del caucho. Ahí encontrará el lector las respuestas
a los interrogantes que hoy se hace mucha gente. Suministraré
aquí algunos datos.
Cuando
yo llegué por primera vez a la Misión del Sepahua,
en octubre del año 1952, conocí a cinco familias
Piro-mashco que habitaban en la Misión. Los hombres eran
amahuacas y las mujeres Piro-mashco. Tenían varios hijos
menores que asistían a la escuela y que más tarde
ingresaron en el internado de la Misión, y otros eran jóvenes
solteros, que asistían a la escuela nocturna de alfabetización.
Los amahuacas habían conseguido sus mujeres en las cabeceras
del río Purús, en el río Cuja, en donde compartían
el habitat los amahuacas y los Piro-mashco. Las mujeres eran más
altas que sus maridos y de complexión más robustas.
No hablaban amahuaca, sino un lenguaje que era comprendido por
los piro de la Misión en un 80%. Las casas en que habitaban
eran de estilo Piro-mashco, redondas, cerradas del techo al suelo
con hoja, con una puerta de 80 centímetros de altura por
50 de ancho. Todo el techo terminaba en punta y estaba tejido
alrededor de un poste clavado en el centro de la casa. Estas familias
permanecían en la Misión unos meses, los hombres
trabajaban, adquirían hachas, machetes y tucuyo para las
pampanillas de sus mujeres y regresaban al Cuja. Generalmente
se iban caminando por la selva y otras veces adquirían
una canoa prestada de los piro de la Misión. Pero nunca
perdieron sus relaciones con la Misión. Sus hijos cuando
fueron mayores viajaban al Purús, al Inuya y al Piedras.
Pero tampoco se desconectaban de la Misión. Algunos de
ellos viven hoy día en el Yurua, alternando en el Yurua
brasilero y peruano. Durante muchos años visitaron la Misión,
siendo acompañados por otras familias, de modo que hasta
el día de hoy yo sigo preguntando por ellos a los que los
conocen, como ellos siguen preguntando por mí. El contacto
se interrumpió a partir de la década de los 60 porque
rehuían servir de esclavos a los madereros. Para mi eran
familiares los nombres de Mashco, Piro-mashco, Mashkoneru y Mashco-piro.
Otros
Piro-mashco se establecieron en la Misión. En el mismo
año 1952 otras tres familias, de marido amahuaca y mujer
Piro-mashco se movilizaban del Sepahua al río Tambo en
donde residían otras familias del mismo grupo en el fundo
La Colonia de Pancho Vargas. Los hombres amahuacas procedían
del Inuya y del Curiuja, afluente del Purús. Las mujeres
exigían a sus maridos visitar los parientes del Tambo.
Hubo otra familia de marido Piro-mashco y de mujer yaminahua,
procedentes del alto Purús, con seis hijos varones jóvenes
y una niña. También viajaban con frecuencia al Tambo,
en donde tenían familiares. Conocí a otro matrimonio
de hombre Piro-mashco y mujer matsiguenga, con tres hijos jóvenes
con sus mujeres matsiguenga, que procedían del Manu. Estos
vivieron algunos años en la Misión, después
se fueron al Tambo y regresaron de nuevo a la Misión en
donde se radicaron sus hijos. Hubo cuatro familias más,
de hombre y mujer Piro-mashco, que se radicaron en la Misión.
Hoy día puedo reconocer a más de cien Piro-mashco
en el Bajo Urubamba, todos alfabetizados, muchos con estudios
primarios y secundarios.
Es
preciso anotar que los Piro-mashco arrastraban un complejo de
inferioridad ante los demás grupos piro del Urubamba, como
retrasados, por venir de las cabeceras de los ríos. Los
grupos nativos, al igual que todos los grupos humanos, se forman
criterios de catalogación de acuerdo a una escala de valores
propia. En este caso, los habitantes mayoritarios del Bajo Urubamba
tenían en menos a los Piro-mashco. Debido a esto muchos
ocultaron su identidad, pero al correr de los años se fue
borrando el complejo de inferioridad y hoy se va aceptando a los
grupos diferentes, aunque con reservas. Todavía hay familias
que a sí mismas se marginan.
Regresemos
más atrás en la historia. En el año 1686
el P. Franciscano Manuel Biedma, llamado el apóstol de
los piro, entró al Ucayali y en la lista de los grupos
étnicos que encontró están los Mashko (BIEDMA,
M. 1887: AGOF F 162). Desde entonces se ha seguido hablando de
Mashko-piro, Mashkoneri habitando en Sepa, Sepahua, Mishahua y
Camisea. Mashko es una palabra del idioma piro que significa chacra,
es decir, agricultura. Mashko es sinónimo de Sepa, palabra
del idioma pano que significa chacra. Mashkoneri es también
palabra pira, que significa gente que hace chacra, o sea, agricultor.
Es sinónimo de Sepahua, palabra del idioma pano que significa
gente que hace chacra, o sea, agricultor. Piro-mashko o Mashkoneri
es la denominación que daban a este grupo piro en contraposición
a otros que no hacían agricultura. El Mashko-piro era,
pues, el grupo más avanzado del Bajo Urubamba, pues practicaba
la agricultura en un contexto en donde otros eran nómadas
y recolectores.
Según
Prince, en 1902, "los Piro-mashco ocupan el Camisea y se
encuentran también en el Caco, en Iparía, en la
boca del Pachitea y más abajo de Sarayacu, es tribu errante
que recorre casi todo el Ucayali y gran parte del Urubamba así
como las cabeceras del Purús" (PRINCE, C. 1902: 521).
Stiglich dice de los Piro-mashco: "Chontaquiros. Tribu de
indios Mashco-piro citados por Haenke y Busquets como residentes
en Sepahua y Cuja. Se parecían a los Simirinchis en su
idioma y en la facilidad de amoldarse a las costumbres de los
civilizados" (STIGLICH, g. 1904, 414). "Masshco-Piro.
Tribu de indios muy hábiles y trabajadores que habitan
en río Piedras. Son los mismos que habitan en el Purús,
río con el que se comunican por varaderos" (IB. 416).
En el año 1802 los franciscanos fundaron una Misión
en el río Sepahua entre los Piro-mashco. Su curaca había
convencido a los misioneros de esta fundación, a la que
accedieron por el gran número de estos indios y por las
buenas disposiciones que manifestaban tener hacia la evangelización.
Ellos construyeron la casa Misión y la Iglesia. El P. Monserrat
evangelizó a los Piro-mashco durante dos años seguidos
en esa Misión del Sepahua.
Cuando
Fitscarrald entra en el Alto Ucayali en el año 1897 e intenta
llevar a los nativos que habitaban el Alto Ucayali, el Pajonal
y el Bajo Urubamba, al Madre de Dios al trabajo de caucho, los
Piro-mashco le hicieron resistencia y libraron una cruenta guerra
contra los caucheros. Los Piro-mashco fueron diezmados. Algunos
sobrevivientes se refugiaron en los montes y otros se sometieron
a los caucheros. Después de la quiebra del caucho unos
pocos Piro-mashco regresaron al Urubamba, pero otros se quedaron
por los diferentes quebradas del Madre de Dios y del Purús.
Es
muy posible que el resto de Piro-mashco que quedó en la
selva esté con el complejo del eterno errante que desea
reencontrar su pasado tradicional, que no es el de la guerra,
sino el de las alianzas. No es justo condenarlos a una reclusión
forzosa en una reserva. Es totalmente simple e ingenuo pensar
que los Piro-mashco amen la soledad y el aislamiento. Dice Lévi-Strauss
en "Raza e Historia" (UNESCO, París 1952): "La
exclusiva fatalidad, la única tara que pueda afligir a
un grupo humano e impedirle realizar plenamente su naturaleza,
es el estar solo".
En
nombre de los derechos humanos se les debe dejar en libertad para
que ellos escojan su destino. Nadie debe arrogarse el derecho
de interrumpir sus pasos hacia la libertad. Y nadie debe tacharlos
de criminales por el hecho de que se hayan revelado contra la
explotación cauchera y desde entonces se hayan quedado
con el apelativo de criminales.
Pueden
adjuntarse muchas más referencias sobre los Piro-mashco.
En todas ellas se da entender que son una tribu perteneciente
al pueblo piro, dominante, trabajadora y progresista. Quien desea
informarse más puede recurrir al Sepahua I (ALVAREZ, R.
Sepahua I, 1966).
Como reflexión final se debe exigir a la población
amazónica, tanto nativa como no nativa, que respeten los
derechos humanos de los Piro-mashco; que se deje de presentar
a la selva como un campo de guerra y que se deje de presentar
a los Piro-mashco y a otros aislado como instrumentos útiles
para sacar adelante intereses particulares. Los antropólogos,
petroleros, Ministerios, misioneros y otros grupos de interés
deben afrontar el estudio de los grupos étnicos con un
sistema científico riguroso, para no caer en los errores
que se están cometiendo contra los indígenas que,
como los Piro-mashco, son considerados aislados. |