EVANGELIZACION
 
 

 

DOCUMENTACION Y PUBLICACIONES
 

DEBATE.

LOS AISLADOS

En el Bajo Urubamba hay diversos grupos étnicos en diverso nivel de desarrollo, desde la sociedad nacional a la indígena, desde los civilizados a los primitivos, desde los contactados a los aislados. Pero el tema de los aislados está en debate permanente, Es un tema histórico, más que antropológico. No se puede conocer ni hablar del aislado separado de los demás grupos, La sociedad del Bajo Urubamba es una totalidad; no consiste en bloques aislados, encapsulados en sí y refractarios a las relaciones interétnicas. No hay una sociedad de nativos y otra de no-nativos; una sociedad aislada y otra nacional. Hay una unidad. No hay base para pensar en grupos aislados y sin contacto, sin referencia a otros grupos. Ni siquiera se podría pensar en la diversidad absoluta, ni como hipótesis de trabajo. Es a partir del boom cauchero, año 1894, que se hace evidente una unidad socio-económica histórica. No se puede comprender a ninguno de estos grupos fuera de la historia de la zona.

Enlaces

Encuentre más información en los siguientes enlaces:

>> DOCUMENTOS

>> PUBLICACIONES

>> INFORMATIVO SLOPA

>> DEBATE

Los interesados por el tema de los aislados necesitan de una hermenéutica que les abra la perspectiva de la globalidad. Si no es así, no podrán conocer la realidad. Esta globalidad la exige el contexto de interrelación existente, no es una invención. Se hace evidente a través de la unidad que existe entre los diversos grupos, a partir de las relaciones interétnicas y de las exigencias del sistema socio-económico. No es fácil comprender la existencia de esta unidad pues es el mismo análisis que hacen los antropólogos lo que impide la visión unitaria y global, pues su metodología es la fragmentación, es decir, el estudio y la visión concreta de cada grupo independientemente y aislado del contexto global.

El debate está abierto.

MISIÓN DEL SEPAHUA, ZONA RESERVADA

P. Ricardo Álvarez, o.p.

Desde la fundación de la Misión del Rosario del Sepahua (septiembre de 1948), los diferentes Vicarios Apostólico solicitaron al Gobierno una zona de reserva en Sepahua para establecer a los indígenas que salían de las haciendas y no tenían lugar para habitar (Sepahua III: 199). La Misión veía necesario que se les otorgara un territorio propio, pues los mismos indígenas no deseaban quedar a merced de los patronos. La reserva les serviría de amparo y de seguridad. Pero no se pudo conseguir. Se alegaba que existía en ese lugar otra reserva, creada en 1929 (12-4-29), para dedicarla a la colonización (Sepahua I: 214). Pero esta reserva había sido abolida el 15 de septiembre de 1944 (Sepahua I: 214). No era posible adquirirla, debido a que medió la oposición de las industrias madereras a las que no convenía que los indígenas se agruparan en pueblos organizados, ya que los necesitaban dispersos con el fin de utilizarlos como mano de obra esclava. Sin embargo el Ministerio de Agricultura concedió reservas y terrenos a todas las comunidades del Bajo Urubamba, menos a la del Sepahua. Cuando a partir del año 1974 se creó la Ley de Comunidades Nativas, por la que se entregaba un territorio a cada comunidad, tampoco fue fácil que el Ministerio de Agricultura concediera tierras en propiedad a la comunidad del Sepahua, debido también a la oposición de las industrias madereras de Pucallpa. El proceso seguido en la solicitud de tierras para la comunidad del Sepahua fue muy largo y lleno de inconvenientes. Véase Sepahua VI páginas 151-176 y páginas 201-215. Solo muy tardíamente, el 28 de enero de 1980, cuando hacía varios años que todas las comunidades del Bajo Urubamba estaban formadas y con titulo de sus tierras, se otorgaron tierras en propiedad a la comunidad del Sepahua (Sepahua VII: 211-217).

A pesar de ser propietaria de sus tierras, la comunidad del Sepahua ha pasado desde entonces hasta hoy, año 2000, por un periodo sumamente conflictivo debido a las invasiones a su territorio y a los fraudes de los funcionarios del Ministerio de Agricultura. Pero este mes de julio del 2000, sin previo aviso, sin esperarlo nadie, cuando la comunidad nativa había superado toda la problemática anterior, se ve sorprendida ésta por la promulgación del Decreto Supremo Nº 030-2000-AG, del día 6 de julio, en el que se declara "ZONA RESERVADA DEL ALTO PURÚS, UBICADA EN LAS PROVINCIAS DE PURUS, ATALAYA Y TAHUAMANU.

No sabemos al momento quién ha promovido esta reserva, aunque personas autorizadas aseveraron que ha sido decisión personal del Presidente de la República A. Fujimori. Sin duda que el Sr. Presidente, que conoce la zona del Purús, del Sepahua y de Atalaya, habría tomado conciencia del estado de las fronteras y de su situación social, política y económica, y para darle una solución optaría por hacer una reserva.

Hay quien afirma que existe una presión internacional para crear áreas de biodiversidad y de protección a los indígenas. Esto es loable y justificativo. Pero también se dice que podría ser para establecer estaciones turísticas. Es muy posible, que en algunos medios, esta sea una razón poderosa, aunque no la única. Sería una forma de obtener rendimiento a la selva, ya que ni en la agricultura ni en la industria se le saca rendimiento.

Sea con estas intenciones u otras, siempre aparece en primer plano la protección a los indígenas "aislados" y de su cultura milenaria. De ahí que se ponga énfasis en la aplicación del Convenio 169 de la OIT. Esto lleva consigo una falacia muy peligrosa que solo vemos los que tenemos preocupación por el futuro de los pueblos indígenas amazónicos. En el fondo se está homologando a todos los grupos étnicos en el mismo nivel de desarrollo, dentro de un concepto de primitivos, autóctonos, cerrados al progreso y aptos para ser presentados al turismo.

No sabemos en qué términos podrá interpretarse el texto de esta reserva, sobre todo en la parte que afecta a las comunidades nativas, a otras poblaciones y a las Misiones. Alguna idea pueden darnos los documentos que se incluyen en la parte considerativa del Decreto Supremo, como son: La aplicación del Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT); el Decreto Supremo Nº 010-99-AG, sobre el Plan Directos de las Areas Naturales Protegidas (ANP); la Ley 26834 sobre ANP; el Artículo. 118 de la Constitución.

La Defensoría del Pueblo, como fruto de una serie de Seminarios sobre las Areas Naturales Protegidas (ANP) en relación a las poblaciones que están establecidas en ellas, ha publicado tres libritos en los que se trata sobre el tema y en los cuales se informa sobre la problemática y conflictos que se suscitan en la selva norte y central a este respecto. También nos puede indicar algo de la importancia de esta reserva las dimensiones que se le asignan de 5.101,945 de hectáreas, que abarcan la provincia del Purús, el distrito del Yurua, el distrito Raimondi, el distrito Sepahua, el Alto Piedras y el Alto Tahuamanu.

Por la importancia que tiene esta reserva para las Misiones, transcribimos el Decreto de su creación.

Decreto supremo Nº 030-2000-AG:

"El Presidente de la República,
Considerando

Que, la Constitución Política del Perú establece en su artículo 68 que el Estado promueve la conservación de la biodiversidad biológica y de las Areas Naturales Protegidas, ANP, reconociendo la importancia de las mismas para el desarrollo del país;

Que, el Alto Purús es un ámbito cuya integridad geográfica muestra una armoniosa relación entre el hombre y la naturaleza albergando significativos valores naturales, estéticos así como grupos étnicos aislados voluntariamente cuyos territorios ancestrales se encuentran ubicados principalmente en las cabeceras de las cuencas de los ríos Alto Purús, Alto Yurua y Las Piedras, siendo necesario ampliar medidas para su protección;

Que, dicho ámbito alberga alta diversidad biológica, variedad de ecosistemas y extraordinarias bellezas paisajísticas, lo que ha permitido que haya sido identificado en la Estrategia Nacional de las Áreas Naturales Protegidas -Plan Director, aprobado mediante Decreto Supremo Nº 010-99-AG, como Zona Prioritaria para la Conservación de la Diversidad Biológica del Perú;

Que, en aplicación del Convenio 169 Convenio Sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes de la Organización Internacional del Trabajo, el Decreto Supremo Nº 010-99-AG, indica que el desarrollo de las ANP debe contribuir al logro de beneficios sociales, económicos, ambientales y culturales para las Comunidades Nativas y pobladores locales comprendidos en su ámbito y resalta el respeto a sus derechos legítimos, así como a sus sistemas de organización social y económico, los que deben ejercerse en armonía con los objetivos y fines de las ANP;

Que, el Artículo 13 de la Ley de Areas Naturales Protegidas dada por Ley Nº 26834, establece que el Ministerio de Agricultura podrá establecer zonas reservadas, en aquellas áreas que reuniendo las condiciones para ser consideradas como Areas Naturales Protegidas requieren la realización de estudios complementarios para determinar entre otras, la extensión y categoría que les corresponderá como tales;

Que, el Artículo 5 de la Ley Nº 26834 - Ley de Areas Naturales Protegidas declara que el ejercicio de la propiedad y los demás derechos adquiridos con anterioridad al establecimiento de las áreas naturales protegidas, debe hacerse en armonía con los fines y objetivos para los cuales éstas han sido creadas.

De conformidad con los Artículos 13 y 31 de la Ley Nº 26834;

En uso de las facultades conferidas en el inciso 8) del Artículo 118 de la Constitución Política del Perú;

DECRETA:

Artículo 1. Declárase Zona Reservada del Alto Purús, ubicada en las provincias de Purús y Atalaya del departamento de Ucayali y, provincia de Tahuamnanu del departamento del Madre de Dios, con una extensión de 5.101.945 hectáreas, delimitada por los hitos que se detallan en el Anexo que forma parte del presente Decreto Supremo.

Artículo 2. El Ministerio de Agricultura, a través del Instituto Nacional de Recursos naturales - INRENA-, como Ente Rector del Sistema nacional de Areas Naturales Protegidas por el Estado -SINANPE-, queda encargado de implementar el ordenamiento territorial y la categorización definitiva para la conservación de la diversidad biológica y desarrollo de la Zona Reservada del Alto Purús, que debe ser producto de una planificación participativa, como representantes del sector público y privado, que incluya a las Comunidades nativas de la zona, en cumplimiento de lo establecido en la Ley de Areas naturales Protegidas y el Plan Director.

Artículo 3. Que el mencionado ordenamiento territorial deberá contemplar las medidas necesarias para el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales en los espacios ocupados por asentamientos humanos preexistentes al establecimiento del ANP, donde se continuarán desarrollando las actividades de uso agrícola, pecuario, agrosilvopastoril en las zonas de uso especial. También serán identificadas zonas de uso turístico y recreativo, y zonas histórico- culturales, según corresponda.

Artículo 4. La gestión de la Zona Reservada del Alto Purús, deberá contemplar medidas para proteger el derecho de los grupos étnicos aislados voluntariamente a su libre tránsito y usos tradicionales, en cumplimiento de lo establecido por el Convenio Nº 169 Sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes de la Organización Internacional del Trabajo.

Artículo 5. Derógase las disposiciones legales que se opongan al presente Decreto Supremo.

Artículo 6. El presente Decreto Supremo será refrendado por el Ministerio de Agricultura, y entrará en vigencia a partir del día siguiente a su publicación en el Diario El Peruano.

Dado en la Casa de Gobierno, en Lima, a los seis días del mes de julio del año 2000.

ALBERTO FUJIMORI
Presidente Constitucional de la República

BELISARIO DE LAS CASAS PIEDRA
Ministro de Agricultura.

COMENTARIO

Este Decreto está dado y hay voluntad del Gobierno para hacerlo cumplir. Señalamos tres elementos importantes que jugarán una función trascendente en la aplicación de esta Reserva:

1. La casuística complicada de la Ley de Areas Naturales Protegidas, Ley Nº 26834; la no menos complicada casuística del Decreto Supremo Nº 010-99-AG, o Plan Director de la Estrategia Nacional de las Areas Naturales Protegidas; y la polémica Ley Forestal y de Fauna Silvestre, Ley Nº 27308.

2. El Convenio Nº 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes, de la OIT.

3. La urgente revisión de los conceptos de nativo, de Comunidad Nativa y de grupos aislado voluntariamente.

Debemos comentar algo sobre este tercer punto que, creo, será el que más interesará a los misioneros y a los mismos nativos.

Cuando se habla de los nativos desde afuera, es decir, desde la sociedad nacional y desde el Gobierno, se homogeniza a todos los grupos étnicos, no teniendo en cuenta las diferenciaciones por niveles de desarrollo y de inculturación. Sobre todo cuando hay intereses diversos empeñados en crear falacias. Se los presenta a todos como primitivos, de cultura y sociedad inmóviles y estancadas, que rechazan el progreso. Se reducen, pues, a objeto de estudio, especialmente en su relación con la naturaleza y, tal vez, como ejemplares de formas de vida que nosotros hemos perdido y que necesitamos reencontrar. De ahí su importancia para el turismo. Es un gran error, que incluye una injusticia y una violación de los derechos humanos, pues existe una gran variedad de niveles de desarrollo en los diferentes grupos étnicos y una gran capacidad para crear nuevas formas de vida y de integración. No hay culturas ni pueblos pasivos y estancados, sino dinámicos y progresistas. Desconocer esto y planificar una reserva sobre estos conceptos negativos es entregar a los grupos étnicos a la explotación y a la esclavitud por Decreto Supremo.

No hay grupos aislados voluntariamente aislados, sino aislados forzosos. Hasta finales del siglo XIX los nativos eran dueños de la selva. Poseían una organización panindígena que se relacionaba con el exterior, sin problemas, siendo la suya un modelo de sociedad que sabía combinar e integrar el sistema de vida de la selva con el sistema de los pueblos del exterior. Es con la aparición del caucho que este sistema se rompió por la fuerza de las armas, de la persecución, de las correrías y de la esclavitud. Por esta razón, las familias y los individuos que pudieron huir de la esclavitud, se refugiaron en los escondites de la selva. Fueron forzados a esconderse, como defensa de la vida. Fueron forzados a aislarse. No debemos confundir forzados con voluntarios. Hay muchos interesados en considerar a estas familias, convertidas en grupos, como aislados voluntarios, como son los partidarios del materialismo ecológico y los antropólogos del materialismo cultural. Estos son los que han introducido el concepto de "aislados voluntarios". Hay también nativos a quienes interesa mantener aislados a ciertos grupos opuestos a ellos tradicionalmente, por temor, para los cuales solicitan insistentemente al Gobierno una reserva. Y existe una secta evangélica, cuyo objetivo es llevar la "palabra" a los aislados, pero que si no los encuentra, los crea.

Sigamos con el tema de los aislados, tema viejo y siempre nuevo. "Aislado" quiere significar, en cierto modo, resistente al contacto, pero también complejo de perseguido y deseo de integrarse al mundo desconocido. Todas estas acciones, positivas y negativas, incluyen la voluntad de afirmar la propia identidad. Pero el contacto que se contrapone a aislado no significa homogeneidad, sino más bien, afirmación de las diferencias. Y estas diferencias adquieren, a su vez, formas distintas según las circunstancias, lugares y personas.

Hablando de los indígenas habitantes del divortium aquarum entre el Madre de Dios, el Urubamba y el Purús, piro mashco, amahuaca, yaminahua, nahua, matsiguenga y otros supuestamente aislados, no nos cave la menor duda de que mantuvieron y mantienen contactos directos o indirectos con los mestizos, madereros, petroleros, misiones y otros grupos indígenas integrados a la región. Del Alto Purús llegaron a la Misión del Sepahua en varias oportunidades yaminahuas, amahuacas, piro mashco, sharanahuas, considerados aislados. Conocimos amahuacas que estudiaron en el internado del Sepahua y se trasladaron al Alto Purús... Amahuacas que estudiaron algún año de secundaria y se trasladaron al alto Yurua... Amahuacas del Alto Sepahua que llegaron a la Misión para depositar a sus hijos en el internado y, más tarde algunos de éstos se fueron al Alto Inuya y al Piedras... Grupos de yaminahuas y de amahuacas del Mapuya pasaban largas temporadas en la Misión del Sepahua... nantis y kogapakoris tuvieron por más de cincuenta años contacto con las Misiones....Los caquinti de las alturas de los afluentes izquierdos del Urubamba, visitaron y estudiaron en Sepahua... Informaciones sobre los pueblos del Bajo Urubamba circulan entre los diferentes grupos étnicos considerados sin contacto. Muchos poseen utensilios usados por las Misiones, por los madereros y por los petroleros.

No cabe la menor duda de que los "aislados" poseen formas de vida y de pensamiento adquiridos en sus contactos; ni cabe duda de que el aislamiento no es una forma de vida primitiva, sino una forma de vida creada frente a las presiones del exterior. Es en esta situación de contacto que los mal llamados aislados definen su identidad. Es decir, su identidad se define por relación a los contactos, no por una cultura autóctona y originaria. Los grupos extraños les son necesarios para reorganizar sus formas de vida. Su aislamiento y su primitivismo son falsos arcaísmos, de modo que las formas de vida que practican como aislados están condicionados e influenciados por estos contactos, sean ocultos y disimulados o manifiestos.¿Qué es lo que adquieren, conservan o desaparece en esta situación de contacto? Este es un tema que debe estudiar la antropología, dentro del contesto histórico de la región.

Pero el tema de los aislados preocupa a todos. Más que nunca hoy debemos preguntarnos cuál es el trasfondo de la nueva Reserva de los Nahuas (Resolución Ministerial Nº 0001699-AG/DGRAR, del 14-2-99, entre los ríos Ticumpinía y Mishahua) y de la Reserva del Alto Purús, Yurua, Sepahua, Inuya, Mapuya, El Piedras y Tahuamanu. En la parte resolutiva de ambas Reservas aparece como fundamento la necesidad de proteger a los grupos aislados, sin contacto, aislados voluntariamente, poseedores de una cultura milenaria, a la que es preciso proteger como un bien nacional. La gran paradoja es que ningún grupo a los que se alude ha solicitado la Reserva, ni conoce los motivos ni el régimen de vida al que serán sometidos. Aparece en los textos la homologación de todos los grupos étnicos, con el denominador común de aislado, sin contacto, primitivo autóctono, cuando entre ellos hay diversos niveles de desarrollo, desde los más avanzados e integrados a la sociedad nacional, al igual que los no nativos de la región, en cultura e identidad nacional.

No son de extrañar las críticas y las desilusiones a propósito de estas Reservas. Puesto que se deja de lado y se aísla a los grupos y personas más capacitados, que pudieran emitir informes sobre ellos mismos y sobre sus propias etnias y participar en su propio desarrollo. No es justo que haya ONGs, funcionarios del Estado, antropólogos, petroleros, que descarten como informantes a los indígenas universitarios, profesores, estudiantes de institutos, profesionales, y prefieran adoptar como informantes a los que no han estudiado ni han querido estudiar. Hay en esto una evidente contradicción. Se confunde identidad indígena con ignorancia y desarrollo con pérdida de identidad.

Se oyen frecuentemente voces de protesta por el desprecio a los que han estudiado, como si las ONGs e instituciones que se presentan como asesoras de las comunidades nativas y organismos educativos tuvieran derecho a poner un límite a la adquisición de conocimientos y a la capacidad crítica de los nativos. ¿Qué se esconde detrás de esta conducta? ¿Por qué no se permite opinar a todos? Es evidente que estas instituciones practican un etnocentrismo marginativo sobre las comunidades nativas y saltan por encima de situaciones objetivas creando situaciones ficticias para justificar sus proyectos. Si hasta ahora se ha buscado en las comunidades nativas el desarrollo integral, es de justicia reconocer el nivel que han adquirido muchos indígenas, individuos particulares, a los cuales ahora se les recrimina su creatividad e iniciativas por el logro de sus propio destino. Nadie puede negar esto, pues lo estamos viendo a diario.

Se ha pedido muchas veces que las instituciones que trabajan en la selva (Misiones, Caaap, Ressop, ONGs, Ministerios) definan sus conceptos de nativo y de comunidad nativa en unos términos que correspondan a la realidad, y no lo hacen. Lo mismo habría que reclamar a las Federaciones, las cuales no están a la altura de los niveles de muchos nativos que han estudiado, dando la impresión de que tratan de mantener un nivel bajo o medio en los que se integren los más, dejando fuera al ala creativa y progresista de las etnias. Se teme que, al pasar los años, si estos errores no se corrigen, se seguirá homologando a todos los grupos, para convertidos en primitivos y aislados voluntarios, reducidos a objetos de turismo, partes del museo natural, pues hay personas e instituciones interesadas para que así sea. Aquí entrarían en juego los Derechos Humanos, que prohíben la marginación de los individuos y de los grupos.

Cuando a principio del año 2000 celebramos el Centenario de los Vicariatos Apostólicos de la selva se propuso cambiar de paradigma, es decir, si en el siglo pasado nacieron las Misiones con el paradigma de unos nativos primitivos, que no sabían ni podían, ahora en el próximo centenario las Misiones deben cambiar de paradigma, partiendo del nativo que ha vivido 100 años en las Misiones, que sabe, que puede, que vale. Pero lamentamos que las instituciones representativas de los Vicariatos, (Caaap y Ressop), las ONGs, antropólogos asesores de las compañías petroleras y otros, no tengan en cuenta los 100 años de evangelización. Les pedimos que se pongan al día, que hagan su diagnóstico situacional teniendo en cuenta el trabajo de 100 años de un gran número de misioneros. Los nativos del Sepahua se han dado cuenta de la contradicción en que han incurrido dichas instituciones, y califican de nueva explotación este comportamiento, que se vale de la subestima de los logros alcanzados por los nativos en su educación en las misiones, para seguir trabajando en proyectos desfasados que lo único que consiguen es perpetuar la marginación del nativo.

Es de temer que, siguiendo así, se puedan reproducir los episodios históricos en los cuales, dadas situaciones límites, los nativos alzaron la voz y utilizaron la violencia contra personas e instituciones que los oprimían y marginaban.

Se confía en que sean los antropólogos los que deben decir la última palabra sobre los aislados. Se concibe a la antropología como una forma de conocimiento de aquello que marca distancias entre la sociedad nacional y aquello que contradice a los sistemas que definen a esta misma sociedad, como son los nahua, los kogapakoris, los nantis, los caquinti, los piro mashco y otros grupos desconocidos, supuestamente habitantes de la misma región. Se acude a los antropólogos para que nos informen, como especialistas del hombre y de las culturas, quiénes son realmente estos aislados, cómo es su forma de vida, por qué viven aislados, y nos ofrezcan las recetas para tratarlos. Nos llama la atención cómo hay antropólogos, que nunca han visto a los aislados ni conocen la zona en la que habitan, nos los describan detalladamente y nos den las recetas para su tratamiento, como grandes especialistas de los grupos étnicos. Puede ser tan urgente y aventurado su informe que dejan constancia de su indiscutible existencia, aunque, de hecho, no existan.

Esta es la gran contradicción de la antropología. Es esta antropología contradictoria la que proporciona hoy información a las dependencias del Estado (Ministerios de Agricultura, de Salud, de la Mujer), a las compañías petroleras, a las ONGs, etc. para llevar adelante proyectos de desarrollo y la creación de reservas y de parques. La misma antropología es la interesada en mantener distancias entre la sociedad indígena aislada y la sociedad nacional, presentando a ésta como el ejemplar de vida, a la que no podrán acceder los pueblos aislados.

Esta clase de antropología es etnocéntrica, en un doble sentido, por un lado presenta a la sociedad nacional como depositaria exclusiva de los conocimientos de los aislados; Además se cree con capacidad para asesorar, limitar, prohibir, la presencia de petroleros, de misioneros, de madereros y de funcionarios del Estado. La antropología, pues, define la existencia de desigualdades entre las sociedades y reafirma las relaciones de dominación de la sociedad nacional sobre los aislados. Es decir, la antropología tiene, a fin de cuentas, un dominio sobre el mundo indígena, arrogándose el prestigio de representar a las sociedades nativas, a su manera y de acuerdo a las ideologías y a las tesis evolucionistas.

Hoy no nos cave duda de que ciertos antropólogos influyentes, han convertido a la antropología en un arma eficaz para muy variados intereses económicos, turísticos, petroleros, ecologistas, valiéndose de la situación de los pueblos indígenas, a los cuales, muchas veces, los presentan de una forma muy subjetiva y distorsionada.

 

NAHUA-KOGAPAKORI

P. Ricardo Alvarez, O.P.

En el Nº 116 del Boletín "Misioneros Dominicos" hay un artículo del P. Santiago Echeverría titulado "Expedición al Alto Timpía", (07-09-2001) que me da motivos para hacer un comentario.

Se trata de una expedición a los Kogapakori, grupo étnico matsiguenga considerado "no contactado", "aislado", "excluido", que habita en las márgenes del río Marentari, afluente del Alto Timpía. No es la primera visita que se hace a los Kogapakori. A partir del año 1971, hace 30 años, las expediciones a las cabeceras del Timpía y del Ticumpinía se repiten periódicamente. Los archivos de la Misión del Timpía registra las visitas del P. Silverio Fernández, del P. Julián Lasheras, del Hno, Regino Sánchez, del P. Adolfo Torralba, del P. Valentín Lazcano, del Hno Máximo Maestro, del Hno. Widman, etc . La Misión creó una escuela en el Alto Timpía y otra en Ticumpinía para los Kogapakori. Un hecho hay que rescatar de esta historia: Que el calificativo que se les da de "no contactados" y de "aislados", es relativo y hasta dudoso, pues han tenido contacto con la Misión durante los últimos 30 años.

Sobre los Kogapakori visitados en esta última expedición del Hno. Widman, el artículo dice de ellos que se escondieron porque "se vieron obligados a tomar el arco y las flechas para defender sus vidas amenazadas por sangrientas correrías de caucheros y mercaderes de esclavos" Por eso se les ha dado el nombre de Kogapakori, que significa "matones". Otro hecho debemos rescatar de esta historia: Que se han aislado de la civilización "para defender sus vidas amenazadas por sangrientas correrías de caucheros y mercaderes de esclavos", lo cual quiere decir que son aislados forzosos, no voluntarios.

Sigue el relato. Después del saludo de encuentro y presentación de los misioneros, "llegó le momento en que su confianza, siempre creciente, les animó a contarnos su problema principal que los tiene angustiados. Cada cierto tiempo, cuentan, llegan otros paisanos matsiguengas en grupos numerosos desde la región de Montetoni, río Camisea, y les quitan todo lo que tienen, machetean la yuca, los plátanos, los arbolitos, matan a los animales domesticados y quieren llevar a la fuerza a toda la gente a la comunidad de Montetoni. A veces los acompañan matsiguengas muy bravos y crueles del Alto Timpía y amenazan con matarlos. . Francisco dice textualmente: "Cuando quedemos solos, vendrán a quitarnos todas las cosas que nos habéis traído y otra vez volveremos a vivir desnudos". Otro hecho más debemos rescatar de esta historia: Que "aislado" no es sinónimo de paraíso. Dice el artículo: "No hay paraísos puros, asépticos. Todo paraíso tiene su serpiente. Y Marentari tiene la serpiente de la amenaza y violencia de los nativos vecinos".

Esto concuerda con el informe que me dio de palabra el estudiante universitario matsiguenga de Nuevo Mundo Daniel Ríos Sebastián, que hace unos meses visitó a los matsiguengas del Alto Pakiria, considerados también no contactados y aislados. Dice de ellos que se han escondido en el interior de la selva, debido a que los patronos que trabajaban chacras de barbasco los perseguían para quitarles sus hijos y esclavizarlos. No son, éstos tampoco, aislados voluntarios sino forzosos. Sabemos, además, que las correrías a estos matsiguengas como a los kogapakori eran realizadas por los principales curacas matsiguengas del Camisea y del Picha, servidores de los patronos.

El P. Santiago Echeverría, al final del artículo, se hace estas preguntas: "Cuando los no contactados rompen su aislamiento, ¿Qué buscan? ¿Hacia dónde se dirigen? ¿Dónde se sienten seguros? ¿Quién les acoge? ¿Quién les da confianza?". El mismo P. Santiago se da la respuesta. Dice: "Nuestros puestos de Misión son expertos en dar respuesta a los más alejados".

Excelente respuesta.

Pero esta respuesta choca con el Decreto Supremo 15-2001-PCM, publicado en el Peruano del 24 de julio del 2001, que dice:

OBJETIVO G 3. "Proteger e los pueblos indígenas en aislamiento voluntario de cualquier intromisión no autorizada en sus territorios de personas ajenas a ellos". .... "Especialmente importante resultan los mecanismos de sanción y desalojo para los casos de misiones religiosas, de empresas, de colonos y otros, que invaden los territorios de los pueblos indígenas en aislamiento".

COMENTARIO

El problema que se ha planteado en estos últimos años respecto a los "no contactados" y "aislados" se debe a que no se han clarificado los conceptos de identidad indígena y de cultura. Se manejan conceptos obsoletos, que nos dejaron antropólogos que servían a las administraciones coloniales de Africa y de Asia, que no se han depurado, a pesar de la descolonización. Como en aquellos años, hoy dominan los antropólogos contratados como asesores de las compañías petroleras, de los parques nacionales, de las organizaciones del medio ambiente, y otros, con ideología del materialismo cultural, que se presentan como poseedores de métodos y estrategias que utilizan como recetas mágicas en la dirección de todo lo que se relaciona con las sociedades nativas. Como agentes de cambio, se valen de su propio modelo conceptual antropológico para el conocimiento de las sociedades nativas, que tratan de modelar por su intervención, la cual responde a los objetivos y diseño que les han trazado sus patrocinadores. Hay que dudar del valor absoluto que dan a los conceptos "no contactado" y "aislado" y de las consignas dictadas para el tratamiento de los grupos a que se refieren.

El problema es, pues, de crisis de conceptos antropológicos. Los antropólogos del "no contactado" y del "aislado" manejan falazmente estos conceptos y disponen de medios económicos suficientes para llevar a cabo sus propuestas. Por eso son reacios a sentarse a debatir. Especialmente rehuyen debatir los conceptos de identidad indígena, de cultura y de aislado, dando la impresión de que éstos son conceptos que están en los antropólogos y no en los indígenas. Fijémonos, por ejemplo, en los antropólogos asesores de las compañías petroleras. Se ven condicionados por las ideologías sobre el indígena que manejan el Banco Mundial, el Ministerio de Energía y Minas y por las ideologías propias de cada compañía petrolera. El Banco Mundial impone a sus clientes un concepto de "aislado" erróneo. Por lo tanto, los antropólogos que sirven a las compañías petroleras, no podrán asesorar ni ser artífices de la puesta en práctica de una política indigenista correcta y justa, pues ésta no se adecua a los intereses de las compañías que los patrocinan. Así los vemos haciendo esfuerzos para disimular el error, recurriendo a la estrategia de captar indígenas influyentes sobre las comunidades nativas que les permitan cumplir los objetivos trazados y realizar el diseño del proceso que han de seguir. El hecho de aceptar como interlocutores válidos y exclusivos a los representantes de las Federaciones, pasando por alto a las comunidades nativas, a los comuneros y a los maestros indígenas, responde a esta estrategia. Se tiene la impresión de que hay lógicas de poder e intereses particulares que intervienen en las relaciones del exterior con las sociedades nativas. Sería ingenuo pensar que los jefes y los líderes nativos representan siempre objetivamente su cultura de origen cuando se presentan como interlocutores con las compañías petroleras o con el Estado.

Con el fin de estudiar el problema de la identidad indígena se ha llevado a cabo en Lima un Seminario entre un grupo de estudiantes nativos. De la exposición que cada uno de ellos ha hecho de sus experiencias concluimos que la identidad indígena está en los "otros" y no en el indígena. El indígena es lo que los "otros" le atribuyen. Uno es piro o matsiguenga, no porque él se reconozca como tal, sino porque se lo reconoce el "otro". Se oye decir a antropólogos y a educadores, "ese ya no es piro, ha dejado de serlo", "ese es nativo bamba". Llegó en cierta ocasión un director de la USE de Atalaya al colegio de Sepahua y dijo: "Aquí no hay nativos, yo conozco a los nativos y señalaré quiénes son y quiénes no lo son". Un profesor matsiguenga informó que una directora del colegio le dijo: "tu ya no eres matsiguenga", porque era crítico. .En el ingreso al Programa especial para nativos de la Universidad de San Marcos hay unos profesores no indígenas, que están a cargo de la entrevista personal, los cuales deben determinan quiénes son nativos y quiénes no lo son. De igual modo sucede con los calificativos de "no contactado" y de "aislado". Son los "otros", los que los juzgan como tales. En el mismo Seminario se concluyó que, en realidad, los "aislados" son los antropólogos, no los indígenas, pues éstos son conocidos por los grupos vecinos y aquellos conocen a éstos. En cierto modo, da la impresión de que la identidad fuera una abstracción, pues el nativo se considera tan humano como los antropólogos. Y el hecho de ser piro o matsiguenga no le añade ni quita nada a su humanidad. Pero cuando el "otro" habla de piro, de matsiguenga, de ashaninga, les otorga con ese nombre un atributo peyorativo de identidad, que el indígena no reconoce. Y por este atributo peyorativo se le juzga y se le trata: No se valoran sus estudios ni sus títulos, se dice que no vale para profesor, que no vale para director de un colegio, y no se le confían responsabilidades, se le margina para siempre.

No se nos oculta que así como en el supuesto paraíso en el que vivirían los "aislados" hay continuas guerras y conflictos, los hay también entre los nativos "aislados" y los que están "contactados", que viven en comunidad, en pueblos y en ciudades, siendo estos últimos los ganadores porque, al tratar a aquellos como "aislados", les cierran el paso a la competencia. ¡Cuántas veces nos han pedido a los misioneros que no contactemos con los grupos aislados ni les pongamos escuelas, no porque deseen para ellos el "paraíso" de cultura autóctona sino porque no quieren que participen de la "civilización"¡ Sabemos ciertamente que algunos que alardean de líderes en la defensa de los aislados, los odian, les tienen miedo y hacen lo posible para que no participen de los bienes del desarrollo. Y si hay unos antropólogos que apoyan esta actitud, tanto mejor para ellos. Debemos decir también, con gran sentimiento, que aún entre los indígenas establecidos en comunidades y en federaciones hay grandes competencias, muchas de éstas desleales. Por decir algunas, a los nativos de las Misiones católicas les cierran el paso para participar de los proyectos de estudios o para integrar el profesorado del Instituto Lingüístico de Yarinacocha y de las escuelas de las comunidades.

En el Seminario al cual aludimos se hicieron estas preguntas: ¿Qué dirías a los "aislados? Las repuestas han sido:

- Yo diría a los Kogapakori: En vez de que estén peleando unos con otros hasta el exterminio, establezcan relaciones y alianzas con los matsiguengas, pues ya no existen los caucheros ni los traficantes de seres humanos que les han hecho huir a los refugios de la selva. El vivir "aislados" les lleva al exterminio total de su grupo.

- A los "aislados" de Pakiría: Yo les diría: No vivan errantes y temerosos, pues ya no existen los que les perseguían para quitarles a sus hijos y esclavizarlos. Hay una institución de derechos humanos que les defenderá. Súmense al progreso de los matsiguengas.

Situémonos en la antropología postmoderna. Pongamos en cuestión la certeza etnológica de "aislado. La cultura, y con ésta la identidad y el aislamiento, son sistemas de símbolos en acto. El símbolo escapa a toda precisión concreta y da un sentido amplio al desarrollo humano de los indígenas, incontrolable por los extraños. Ni los antropólogos ni los petroleros ni los misioneros, están facultados para representar al indígena, al "otro", ni para encasillarlo en esquemas sin proyección al desarrollo de su cultura. Sabiendo que los indígenas interpretan su propia existencia, a nosotros, como extraños, no nos cabe sino la tarea de comprender cómo realizan su vida y cómo se crean sus problemas y los solucionan, pero no somos quienes para reinterpretarlos y conducirlos a fines políticos y económicos particulares porque a nosotros nos vienen bien. En un contexto en el que conviven los indígenas con los no indígenas y en el que los indígenas han estado en contacto permanente con escuelas, Estado y Misiones, los extraños (antropólogo, misionero, Estado, petrolero), los extraños, encerrados en su horizonte mental, deben procurar no caer en la simpleza de interpretar cómo vive un pueblo indígena. Por ejemplo, se debe hacer caso a una etnografía del brujo escrita por un brujo, a una etnografía indígena escrita por un indígena. Se debe hacer caso al kogapakori que dice que su tierra no es un paraíso, que están en permanente guerra, escondiéndose de sus agresores nativos. No se deben preferir las versiones del "otro" sobre las del kogapakori. Es necesario establecer la veracidad de la situación. ¿Cómo el criterio de un antropólogo al servicio de una institución, condicionado por intereses sociales, políticos y económicos, podrá convertirse en un juicio adecuado sobre el "otro", el indígena, que vive su vida al margen de las relaciones de poder del antropólogo? Imposible que sea objetivo tal juicio.

En las circunstancias en que vive el indígena de la selva en la actualidad, marginado y vendido a los que trafican con su identidad, se ve necesario asomarse a la antropología postmoderna y aceptar una antropología hecha por los indígenas, es decir, abrir la universidad a indígenas antropólogos. Esta es la urgencia del momento. A la Misión le encomienda esta tarea.

 
COMUNIDAD NATIVA SEPAHUA
Sepahua - Ucayali
MISION EL ROSARIO
Sepahua - Ucayali. Apartado Postal 17
Satipo. Junin
SEDE - LIMA
Jirón Chancay, 223. Apartado postal 1296
Lima 100 - Perú
CORREOS DE CONTACTO:
cess1@telefonica.net.pe
echineri@hotmail.com
misionsepahua@hotmail.com